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viernes, 25 de mayo de 2012

Saldando deudas(II): Borges


Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero, es una paradoja evidente. Ejecutar con despreocupación esa paradoja, es la inocente voluntad de toda biografía
J.L Borges

Supongo que hay libros que en cierto modo nos salvaron. Hay autores que nos hicieron creer de nuevo que el ser humano tiene algo de maravilloso, aunque no sea el rasgo que más brille últimamente. Papel y tapa dura, tinta y letras de imprenta que nos dieron tanto, pidiendo a cambio solo un poco de atención y pasar las páginas con cuidado. Debo confesar que le debo mucho a Borges. Aunque nunca le perdonaré que no escribiese una novela. Cada vez que me dejo caer por el Aleph, Ficciones, Historia universal de la infamia o El libro de Arena tengo una sensación agridulce y maravillosa... cómo en las pocas páginas que ocupan sus cuentos se puede verter tanta sabiduría -sin caer en la pedantería-, con un estilo inimitable y una adjetivación, que en mi humilde parecer, es de las mejores que han visto estos ojos. Un sueño vital sería adjetivar como Borges, aunque supongo que sería más sencillo plantearme hacer la vuelta al mundo en 80 días.

Sigo preguntándome el cómo cada vez que termino el Inmortal o La casa de Asterión. Se me cae la lágrima de felicidad cuando pienso que puedo leerlos en español, porque realmente no sé cómo se podría hacer una buena traducción de Borges (aunque esté mal que precisamente lo diga una estudiante de traducción). Y sí, que otros tendrán a Joyce, a Proust o a Molière... pero intuyo que en diez páginas del Aleph se dicen cosas mucho más valiosas, necesarias y salvíficas que en 300 del Ulises (y digo intuyo porque todavía  no me he atrevido a desayunar con ese ente rocoso, venerado por toda una generación de intelectual(oid)es que lo leyeron (o dijeron haberlo leído) para ser más molones en sus círculos concéntricos). Así que supongo que lo que más odio/amo de Borges (por envidia sana) es esa capacidad de  apabullar al lector con cadenas perfectas de epítetos, referencias a todas las esquinas de la cultura con unas pocas páginas. Pero eso es lo maravilloso de su lectura, vivir pegada a la Moleskine anotando referencias, nombres, adjetivos pretéritos, sentencias que recordarás toda la vida.

Aunque nunca fue filósofo, aprendí con sus libros mucho más de filosofía que en algunos manuales desfasados con fotos a todo color de la estatua de Platón. Borges no nos explica la filosofía, nos la presenta a través de sus mundos oníricos, de sus historias imposibles... no hace falta estudiar el  determinismo o la libertad si tenemos a mano Las tres versiones de Judas, con aquella frase tan certera"El libre albedrío es una ilusión necesaria" Que el hombre sea El inmortal, que sea todos, ninguno... que una persona sea todas, sea nadie, el universo entero en una mirada que refleja las voces de la historia, las canciones de las Tragedias griegas, los hexámetros épicos, las preguntas de miles de hombres que contemplaban el horizonte con la mente en blanco buscando respuestas. Que el dolor y el arrepentimiento tenga cara de soldado alemán, que entona un Deutsches Requiem desde la celda, a pocas horas de morir, escribiendo aquella frase que me revolvió las entrañas un día "Que el cielo exista aunque nuestro lugar sea el infierno".  Aprendimos tanto con las manos de este santo y ciego escritor... para que él luego se burlase de la filosofía, en una ocurrencia que tristemente escondía algo de verdad:
"No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo —cuando no un párrafo o un nombre— de la historia de la filosofía"

Sus personajes imposibles y poco habituales retratan una sociedad aparte, los problemas que no suelen salir en un tema de conversación al calor de un café por la tarde. Quizá por eso no los olvidamos y debo confesar, a veces  uso en compañía de alguna amiga cercana los nombres de estos para referirnos a otras personas. Así por mi vida se pasean Emmas Zunz que disparan a Loewenthals de andar por casa,  sienten pena de el pobre Funes, que no podía olvidar nada, ni pensar siquiera... "Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos". El pobre odiaba que el perro de las 12:15 de perfil se llamase igual que el de las 12:15 de frente. Intuyo que si barro debajo de la cama saldrán unos cuantos más, pero quizá es mejor que se queden allí descansando y preguntándose sobre la existencia y la metafísica entre pelusas.
Si buscan alguien que tenga algo que añadir sobre su obra, mejor vayan a otro blog. Supongo que esto es solo una carta de agradecimiento, de la serie Saldando Deudas con la que una se lava la conciencia, por haber agredido a sus textos con mis interpretaciones, haberle robado citas para buenas ocasiones y haberle hecho compañero de noches insomnes sin pagarle las horas extra, ni el plus por ayuda emocional. Lo dicho, hay textos que nos han salvado y que nos hacen creer (un poco) en la Humanidad.


miércoles, 23 de mayo de 2012

Viajes de ida y vuelta/1999


[...]ayúdame 
tú la espina más remota 
 tú sueño que se desmaya
 tú pequeña niebla de piel
 tú que no mereces ser el cepillo de dientes de María Magdalena
 tú puedes ayudarme
 tú puedes ayudarme 
complicándome la vida 
 complícame la vida 
 complícamela tú 
que árida siempre te alejas 
 dame abrazo y herida
 dame abrazo y herida
 para tener abrazo
 tú que no existes 
 sólo tú puedes.[...]
-Santa tierra desterrada/P.Casariego-

.... el día que me topé con estos versos entendí algo. Para vivir hay que complicarse le vida. (Recuerda, no es lo mismo vivir que habitar el planeta, para esto no hace falta complicarse la vida, ni seguir leyendo... puedes volver al sofá sin remordimientos y olvidar las últimas tres líneas.) Maldecimos las espinas, los escollos, los muros altos, las distancias, el insomnio... Pero te digo, bienaventurados aquellos que tienen espinas clavadas bajo las uñas, bienaventurados aquellos que extenuados escalan muros, bienaventurados aquellos que se comen las distancias con cuchara y de trago, bienaventurados aquellos que no duermen y piensan (las mejores ideas llegan en las noches en vela). Bienaventurados aquellos que se han dado cuenta de que este mundo está empedrado de lágrimas quemadas que fueron luego carcajadas insomnes. Destruir para crear, autodestruirte para crearte de nuevo.Cambiarlo todo para que no cambie nada, para que todo vuelva a su sitio. Touché

... el día que me topé con esta escena de la foto, en Tirad sobre el pianista, entendí algo. Intuí que acabaría  escribiendo algo sobre los timbres que nunca llegamos a hacer sonar, esos momentos que mueren mientras el dedo se queda a solo unos milímetros del botón y no lo aprieta. Una oportunidad menos, una cobardía más. Si no vas a llamar no te quedes plantado delante de la puerta, no lo hagas. Sé que no es el caso, pero yo te aviso. Quizá haya alguien tras la mirilla que esté viendo como te alejas y se pregunte por qué, quizá se burle de tu cara rota cuando te vuelvas hacia el pasillo, quizá no quiera mirar, quizá no quiera saber que estuviste allí. Así que será mejor fundir los timbres, tener todas esas conversaciones telefónicas que quisimos tener y no tuvimos porque nos podía el miedo, el silencio, la voz trémula que no se atrevió a decir hola y se puso a hablar de cosas insignificantes.

... el día que llegó aquel aviso de Correos el mundo estaba guapo. No podía recoger el paquete hasta el día siguiente, y mis uñas lo notaron. Al día siguiente fui a la pequeña oficina que hay cerca de mi casa para recogerlo. Mis pulmones lo notaron. Un gran sobre acolchado, un remitente conocido y una sonrisa asegurada. Unas palabras, una nota a ordenador, un regalo inesperado de los que recordaré siempre. Mis ojos lo notaron.

.... el día que volví a escuchar el 1999 de Love of Lesbian, en bucle, haciendo gala de mis inclinaciones obsesivas, entendí algo. Supe que aunque las Malas Lenguas sea una canción que no olvidaré, aunque presupongan e inventen, ¿qué mas da? Si el trayecto sigue y esta nave va... ¿qué más da?. Y si en 1999 pensaba que quien escribió este guión debe estar bastante enfermo, en 2009 me olvidé de todo y quise romper cristales, ventanas. Quiero romper ventanas, quiero morder cristales; voy a romper tus ventanas y voy a entrar como el aire.

... el día que escribí esto dejé que el Sol me diera en la cara, no me importó quemarme. No me importó recordar el O Cravo de R. de Castro, ni entender que vanidad y felicidad nunca van unidas. Sonreí al entenderlo y me gustó la idea de Incendios de nieve. Supongo que la enarbolé como bandera y como dice la letra, me puse a silbar. Siempre es bello silbar cuando hace sol y estás tan lejos como para no  oírme. One Day, un libro, el Sol, la arena, dos cabezas. One day, 1999, Casariego y algún retazo que me ha venido a la mente sin saber por qué, ni si encaja aquí.


miércoles, 16 de mayo de 2012

Retórica apócrifa para el Apocalipsis

[...]Y él enviará a sus ángeles para que, 
al sonido de la trompeta,
 congreguen a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales,
 de un extremo al otro del horizonte.[...] 
Mateo 24:31


Ángel del Oxímoron:
[Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej.un silencio atronador.]

Un oxímoron sería amarte muerto, hacerte volar encadenado en un sótano de piedra enferma, respirar el vacío que anida migrante entre nosotros. Sería desearte solo a veces, escribirte cartas con la voz para meterlas en botellas y regalárselas al mar seco. Desearte para todas, nunca para mí. Rozar tu brazo en la distancia, pensar que ya no pienso en ti. Pedir que la espada de Damocles caiga certera en ninguna parte. Que se clave en la tierra sin herirla ni levantar polvo. Cambiar la vida por un instante que te haga morir. Llorar negras palomas de mármol, llorar tinta de aquello que no te escribí, porque no quise, porque olvidé las palabras, porque no las ibas a leer. Sería firmar poemas anónimos, historias sin personajes, besos sin verdad. Sería vivir entre plumas de acero, sonreír a un payaso triste, odiar a Europa por ser casa sin felpudo. A la que no volveremos sin habernos  marchado. Sería un un hotel sin champán y Venecia sin ti, contigo, con nadie.  Un te odio a veces y un te quiero los días impares. Los canales secos de arena, las góndolas encalladas esperando nuevas canciones. Sería decirte mientras callo, no te vayas luz de sombra. El ángel del oxímoron era bipolar, y corría por el Este haciendo sonar esta canción para oídos atravesados por el deseo.


Ángel de la Elipsis:
[Figura de construcción, que consiste en omitir en la oración una o más palabras, necesarias para la recta construcción gramatical, pero no para que resulte claro el sentido.]

Una elipsis sería un niño sin brazo al que agarrarse, porque alguien ha tenido que emigrar; un hooligan que ha sufrido una lobotomía -elipsis cerebral-; un discurso demagogo del conservadurismo que huele a naftalina, ese que nos está robando el futuro con elipsis de conciencia, neoliberal. Sería un insulto no dicho para ser políticamente correcto, un tiro que nunca se disparó en la frente de los dementes titiriteros que juegan con Europa. Esa última ha sido peligrosa cometerla. Sería Edipo arrancándose los ojos -elipsis ocular-, seríamos todos nosotros siguiendo su ejemplo ensangrentado ante el futuro desolador. Quizá sería la bandera enarbolada por el patriotismo ignorante, la chavalada corriendo con los cordones desatados por las calles de Atenas, haciendo elipsis morales al golpear cabezas árabes, al amenazar al Olimpo con bengalas que le roban la luz a los helenos.  Los hijos de la elipsis nos arrebataron limpiamente el futuro, nos cambiaron la libertad por la Visa Oro, la palabra reflexiva y compartida hasta altas horas por los titulares amarillistas que repiten los filósofos de autobús, los grandes libros (que incluso no se publicaron o nadie leyó porque hacían sudar) por ediciones mal traducidas de basura contemporánea -y aquí elido yo los títulos- con la que hinchar pecho ante tus amigas chonis que directamente habían visto la película. El ángel de la elipsis es un cleptómano, nos robó los sueños y las ilusiones, nos dejó ceniza tras sus incendios: una Europa humeante, cubierta de viejas historias totalitarias, anclada en un pasado que se le aferra como una sanguijuela y la deja desangrada en un portal con las luces fundidas. Aquel volaba por el Norte, haciendo sonar este manifiesto para oídos ausentes que evitaban escucharle, atravesados por la palabra.


Ángel de la metonimia :
[Tropo que consiste en designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etc.p. ej.las canas por la vejez]

Una metonimia sería odiar tu voz -por todas las palabras que has dicho- ; amar a Ella Fitzgerald por la suya, amar las manos de Borges, el cráneo de Nietzsche, el puro de Freud, la cámara de Cartier-Bresson, el ojo y mente desquiciada de Von Trier, las polaroids de aquel verano en Francia, la rima ausente de Bukowski, las rosas secas de un amor pretérito. Serían aquellos cigarrillos exhalando ansiedad, el humo de las horas tomando café, las tazas de loza por las mañanas,  los relojes totalitarios dictando nuestros días, la pantalla enferma que nos robó la tranquilidad, los pañuelos que cubrían secretos mayores que un pedazo de tela, las huchas que guardaban viajes y locuras, los botellines que coleccionabamos para recordar risas. Aquel objet petit a que nos volvió loca a la pobre pulsión, aquel objet petit  a que nunca sabremos si fue una canción, un texto, una ráfaga de miradas incandescentes en la frialdad de los pasillos o un simple gesto de adiós. Una metonimia sería hablar de saliva mordiente aquellas noches cerca de Mordor, de ojos   indescriptiblemente azules que turban, de acantilados que me vuelven a hacer soñar, de cejas airadas con el mundo, que sigue a su tema; sería llorarle a las manos santas de Beethoven aunque no vayamos a oír la 9ª. el día en el que el mundo se acabe. El ángel de la metonimia es un superficial y algo agorafóbico, solo ama a Adele por su voz. Con esta canción recorre las tierras del Sur, llama a todos los poetas, músicos, pensadores, literatos, pintores, farsantes y críticos de arte atravesados de vanidad. Su cosecha para el Apocalipsis es harto elitista, ya dijimos que era muy superficial.

Ángel del polisíndeton:
[Figura que consiste en emplear repetidamente las conjunciones para dar fuerza o energía a la expresión de los conceptos.]

Un polisíndeton sería contar una historia sin puntos, como aquella que  me ocurrió el día que un trajeado con chaqueta fina y corbata de seda y un pelo arado de gomina se acercó para pedirme fuego y claro, yo se lo di; aunque luego bien pensé que le podría haber propuesto un copago y una subida de impuestos y una vida en el club de campo o no haberle dado fuego hubiera sido una buena solución también; porque tipos como ese eran seguramente los que hacían que todo fuese tan mal y claro, darle fuego era regalarle mi tiempo y él nos quitaba vida con su voto y eso no era justo y no, y no...y pensé por un momento decirle que no pensaba darle fuego aunque luego me acordé de aquella escena de Masculin-Féminin en la que Leaud le daba unas cerillas entre quejas a un pobre desgraciado que pasaba por allí y aquel no le devolvía las cerillas y este se quejaba y aquel se suicidaba dos calles más allá prendiéndose fuego con aquellas trazas de madera y fósforo, y moría, y se quemaba y sus cenizas se esparcían por la calle; y claro, por un momento pensé que quizá aquel engominado también quería suicidarse y aunque quizá no como en el filme sino cultivando su cáncer de pulmón y claro, quién era yo para evitar que ese tipo muriese y no lo evité y no me sentí culpable ya que el tampoco lo hacía. El ángel del polisíndeton recoge a todos los que faltaban por el Oeste y los une con copulativas en una corte fúnebre y entre ellos estás tú, está aquel tipo que tocaba el saxo en Nueva York, está tu amigo de la infancia, la viuda del cementerio, la joven que pela tomates por las mañanas en la cafetería y estás tú, y estoy yo, y ellos, y nuestras historias, y nadie, y nadie, y solo los gritos de temerosos que saben que se acerca el final y saben que han vivido atravesados por la muerte.

Metáfora de los cuatro ángeles:

El deseo, la muerte, la palabra y la vanidad llegaron de cualquier lugar, hipnotizados por las trompetas mortíferas del Juicio Final, funestos anunciadores del fuego... pero no sonaba la novena, aunque quizá sí el final del preludio de Tristán e Isolda. ¿Qué era el arte, qué era el deseo, qué la muerte? Qué importaba cuando los siete sellos se iban abriendo, cuando las siete trompetas infestaban el mundo con sus plagas de capitalismo, ignorancia, estulticia, crueldad, relativismo, amoralidad, planes educativos, totalitarismo, massmedia, infancia perdida, cursos de autoaprendizaje, canciones de la red-neck agenda, SIDA, libros de autoayuda, drogas sintéticas, utopías putrefactas, el DSMIV y sus recetas de psicofármacos, café americano y cigarros manchados de carmín venenoso. Todos estaban allí y poco a poco fueron hundiéndose en el lodo, elevándose violentamente por tornados, arrastrándose por ríos de lava, por ríos de tinta negra de prosa apócrifa. Los ángeles tocaban la última canción. La última. Luego llegó Melancolía y nadie recordó si este mundo era algo más que un destello pasajero en el universo. Nadie lo recordó porque no hubo supervivientes. Es imposible salir vivo de esta vida, por suerte.


sábado, 12 de mayo de 2012

Besos rotos en el 9 Tragos (II)



Las segundas partes nunca fueron buenas, o al menos eso es lo que dicen aquellos que odiaron ciertas películas  que se postergaron en saga sin razón alguna. Aunque bien mirado, más que una segunda parte esto era el eterno retorno. Era la misma historia, el mismo bar, la misma copa y la misma colilla. No era una historia, era todas las historias, era ninguna; una mota de polvo en la estantería del recuerdo de algún desmemoriado.

La persiana del 9 Tragos subía, sus párpados pesados bajaban hacia el vaso sin fondo. Sus pestañas negras abanicaban la noche densa, cortaban el humo sin piedad, divorciaban su forma de sierpe. Cada vez que cerraba los ojos tenía la esperanza de que el mundo hubiese cambiado, que fuera un lugar habitable donde los besos rotos fueran pura retórica ... pero cuando los abría, el mundo era el mismo, era todos los mundos, era ninguno; y los besos rotos se amontonaban como cristales en la parte trasera del bar. Aquella noche sonaba algo de Loquillo, una oportuna Cruzando el paraíso. Alrededor de la mesa de madera seis ojos se observaban mudos, tres copas llenaban el vacío y la música hacía callar al silencio. 

Alguien jugaba al billar, las bolas sonaban como cráneos chocando en algún sótano que se creyó catacumba. Chupas de cuero iban y venían, le guiñaban el ojo a un par de rubias que estaban apoyadas en la barra, esperando a que algún despistado las invitara a un ron-cola, para luego largarse con el que tenía la Harley más nueva. Dani traía un trío de tanques, nos daba noticias de Rosa y se volvía a ir.

El silencio se había quedado a vivir entre ellas, era mejor no preguntar. Era mejor escuchar la música, cerrar los ojos y dejarse llevar a mundos oníricos, quizá. Los besos que se dan con la memoria te dejan una huella en el rostro, una cicatriz sutil, pero visible. Por eso era mejor no mirarse a la cara, era mejor no reconocer la cicatriz propia en la faz ajena. Era mejor. Los besos que se dan con la mirada  te dejan una mancha de tinta en los ojos, -tinta negra sobre agua clara- velo de alquitrán que se pasea inmisericordemente, sin pedir permiso, sin saludar. Por eso era mejor no mirarse a los ojos, no ver en la mirada ajena la mancha propia. Era mejor. 

Mrs. Valkiria, que sí consideraba el mundo un lugar habitable (o al menos se había acostumbrado a ignorar los pequeños apocalipsis de andar por casa) buscaba con poco éxito puntos de fuga para aquella noche extraña. Relataba grandes momentos, viejas polaroids de historias que nadie parecía recordar, amigos que se fueron, otros que vinieron para quedarse, amores de barra, de vaso, de verano, de mañanas con jaqueca, propios y ajenos, robados y perdidos... habló de todos, que fueron ninguno. Mrs. Apocalipsis se preguntó lo mismo que hace unos meses, ¿Qué pasado?, ¿cuándo sucedió todo aquello que le cuenta? Mrs. Nodreams y ella escuchaban como si estuviesen a miles de kilómetros de distancia, entre la niebla de un andén yermo a horas insomnes.Los labios quemaban, rojos sin carmín, mortales sin veneno ajeno, sino con el de la propia mordedura insana de la autodestrucción. Esos dos labios le daban besos rotos al vaso, frío y estéril, le daban besos al recuerdo, a los grandes fotogramas que adornaban la pared del 9. Besos suicidas con blanco claro, pero mala trayectoria, que se acababan estampando en el suelo lleno de colillas y ceniza. Mrs. Nodreams cantaba en un susurro...Para ti la vida que te lleva,   para mi la vida que me quema;tenias tanto que aprender y yo tanto por demostrar por un instante la eternidad. Y luego ambas se miraron a los ojos,se mancharon de la tinta ajena, tiznaron el semblante, se odiaron, se acusaron y se reprocharon el último trago y la última canción. 


-¿Por qué has cantado eso?
-¿Y tú por qué antes has dicho esa puta frase?
-¿Cuál?
-No me hagas repetirla.
-Será mejor. 


Era mejor, nunca debió pronunciar aquellas letras. Ahora había que aceptarlas. No hubo besos aquella noche, solo labios cuarteados, lagunas en la memoria, uñas ensangrentadas, ojos fijos, colillas amontonadas como cadáveres obscenos, ceniceros habitados de palabras que se callaron. No hubo carmín, ni bebieron perfume, ni sonó Joplin. Fue la misma historia, con diferente canción.


Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno (Borges)







domingo, 6 de mayo de 2012

Bengalas neonazis alumbran la cara de Europa

Un par de meses después de esta entrada (La Lucha/La muchedumbre fantasma), Grecia me vuelve a dejar insomne. Enciendo el ordenador, las noticias bullen desconsoladas; enciendo dos velas, una por Europa, otra por los que llegan a este mundo sin entender nada. Y puede que me vengáis con la cantinela de que era predecible; o que solo son un grupo de desequilibrados con la Bomber puesta, hambre de historia y de venganza. Otros se alarmarán por el 8 % que ha obtenido el partido comunista. A mí hay otras cosas que me ponen los pelos de punta:

 (Grupo neonazi de Amanecer Dorado celebra el resultado electoral)

Europa vuelve a despertar del sueño de su libertad, multiculturalismo, tolerancia y buenrollito mañanero. Abre los ojos tras la resaca de las cumbres con cóctel, recepciones oficiales, canapés fríos en bandeja de plata, licores de falsedad y capitalismo enloquecido servido en copas de cristal de bohemia. En Atenas las bengalas centellean cerca de la plaza Syntagma, ciegan al personal entre cánticos enfurecidos, ávidos de sangre. El humo se extiende obscenamente por la ciudad, asfixiando al mármol blanco de los edificios, a las ruinas de un pasado glorioso, a los mosaicos rotos de los efebos. 

Volverán a enarbolar las viejas banderas de la heroicidad, del pasado glorioso que les robaron... culparán a Europa por haber hundido a su tierra en la miseria. A todos aquellos de oido blando y mollera plana les llenarán el pabellón auditivo de lo que quieren escuchar: la culpa no fue nuestra, queridos hermanos, fue de Europa, hija bastarda de la civilización helena, de nuestra tierra, nuestros filósofos, nuestra tragedia y nuestra democracia; la culpa fue de los inmigrantes, que ni siendo hijos bastardos sino del ajeno han venido a aprovecharse de nosotros, cual parásito de alquiler, a mancillar con sus lenguas extrañas la eufonía griega, con sus manos oscuras la tierra de nuestros heroicos antepasados.

Y a pesar de tener narices ganchudas y ser muchos medio turcos, se sentirán Aquiles al combatir en la parte trasera de un bar; al darle una paliza a un grupo de árabes creerán conquistar Troya. Vociferarán: ¡Por Ilión!, y de buena mañana se enfundarán un puño americano desgastado, se pasarán la mano con orgullo por sus cabezas de billar obsceno, se tomarán un café aguado y saldrán a la calle a hacer justicia en el parlamento, respaldados por casi un 8% de los votos. Esta historia ya me la han contado. O la he estudiado en historia contemporánea. Y les aseguro que empieza democráticamente pero acaba en el Lager.

Hace unos meses se debatía el rescate a Grecia y  defendí que no cambiaría nada, solo el tiempo de espera hasta que Grecia se cayera por la borda. Hoy la Acrópolis se ríe del rescate, con un parlamento fragmentado que no cuenta con una mayoría clara para gobernar (ni una mayoría que acepte aplicar los recortes consecuentes del rescate). Las Cariátides cuchichean en un corro de comadres sobre los próximos movimientos de Europa. Pero Europa está rota, descolocada, con Merkel mesándose los cabellos al haber perdido a su querido súbdito bajito y chauvinista. Le-Pen saboreando con su lengua bífida los restos del pobre Sarkozy, que ni con su lema de la France Forte ni sus coqueteos desesperados -como los del solitario en una discoteca a las cinco de la mañana- con la ultraderecha ha conseguido salvar el cuello (aunque la victoria socialista no haya sido pírrica). Le-Pen vislumbra las elecciones legislativas y acaricia los viejos lemas paternos (guardados durante las elecciones para evitar escándalos) con la punta de los dedos, terciopelo rojo sangre bajo uñas puntiagudas  llenas polillas fascistas. Los de Amanecer Dorado le envían un whatsapp , qué pasa camarada, muy calladita estás últimamente, ven a celebrarlo, descorcharemos un par de cuellos con botellas de champán rotas y sacacorchos oxidados. Ella contesta, esperad un par de meses, que de momento me ha salido mejor que Sarkozy meta la pata, oísteis qué declaraciones tan adorables "Es un honor ser llamado fascista por un comunista", si yo sé que lo intenta, pobrecillo.

Y mañana los mercados se levantarán haciendo lo que les venga al gusto, hundirán un poquito a Francia para castigar la victoria socialista, a Grecia por la incertidumbre sobre la aplicación de los recortes, a España porque hoy ha hecho buen día y la gente se ha ido a la playa en lugar de a consumir, y a Alemania porque son rubios y se gastan poco en tinte. Las ruedas de prensa española que comenten los resultados electorales en Francia y Grecia volverán a ser discursos baldíos que no dirán lo que de verdad importa: Europa se muere, se descompone y todos vamos detrás, señores. La gangrena quizá empiece en Grecia, pero no seamos tan cínicos como para no ser capaces de ver las fosas sépticas que salpican el resto de la Europa que se levanta con la cara supuestamente lavada. No seamos tan hipócritas como para decir que esto es solo política, que el auge de la ultraderecha y del neonazismo solamente tiene causas ideológicas, porque aquí las verdaderas causas son económicas.

Económicas porque se han hundido países mientras sus ciudadanos siguen enfermos de consumismo, del mileurismo acomodaticio y pseudoburgués que ha emergido sin control en los últimos lustros. Enfermedad que ha dejado escenas inconcebibles como el pasotismo inane del ciudadano ante la ingeniería social que se está llevando a cabo ( y ni hablo solo en Grecia, sino en Europa en general y España en concreto) a golpe de decreto y martillo empuñado por las manos inútiles del conservadurismo más apolillado, demente y malsano. No se ha movido ni el dedo meñique para frenar la avalancha de barbarie que nos llega ya al cuello, cual marea sin tablón de madera al que aferrarse. El meñique estaba ocupado cambiando de canción en el iPod. (O sujetando una pancarta con rima en alguna manifestación esporádica de domingo por la tarde, a la que nos dejamos arrastrar por puro orgullo, o por pasar el rato, sabiendo que un paseo con consignas no iba a cambiar nada)

Es difícil pensar todos estos acontecimientos de un modo medianamente claro y en perspectiva (mi visión espacial siempre fue nefasta). Pero de lo que estoy segura es que Europa se está metiendo en líos peligrosos, la vieja dama que antes se vestía de haute-couture con etiquetas marca progreso, modernidad y cultura, arde bajo las bengalas neonazis de Atenas; ensordece bajo el grito aterrador de un futuro tetro que tiene miedo de llegar. Y esto son solo los prolegómenos, un pequeño entremés amargo, un canapé caducado que se indigesta. El abismo es eterno y con esta inercia es sencillo seguir hundiéndonos.

jueves, 3 de mayo de 2012

Puede que esté en ninguna parte





Te dejo con tu vida 
tu trabajo
tu gente
tus puestas de sol
y tus amaneceres
Se ha ido. ¿Dónde está?

Puede que esté en la azotea del Hotel del Millón de Dólares, en alguna calle estrecha del París bohemio que destila absenta en la bañera de la buhardilla, en la trastienda de la cueva de Zaratustra -paraje ahumado y sórdido donde los haya-, o en la repisa de un ventanal frío, perdiendo los ojos por Tokio en una habitación vacía. Me han atrapado luces de ciudad, quizá esté cantando. Mientras vende y compra las soledades que le dejaste, como pañuelos descosidos con la inicial bordada. Los vende a buen precio, por si quieres saberlo. Soltando lastre antes de partir, tratando de engañar a los trileros de las Ramblas con algún truco de meretriz sabia.


Puede que la encuentres en alguna terminal de aeropuerto, a horas intempestivas de la noche, cogiendo el primer vuelo que encontró, para largarse a otro mundo, al que siempre había soñado. Sentada en un incómodo asiento de avión se tomará un gintonic, reclinará el asiento haciendo caso omiso de las quejas del tipo de atrás y cerrará los ojos. Puede incluso que la encuentres con el antifaz puesto, para no ver a nadie, para evitar cruzar miradas con algún joven escritor que trate de escribirle un poema malo, como le escribe a todas con las que se intenta irse al baño del avión.


Incluso, si tienes un poco de suerte te la cruzarás en alguna playa desierta, paseando por la orilla, mojándose los pies con un escalofrío, el pelo al viento y un sombrero de paja que se compró el verano pasado. Igual está sentada en una roca, hojeando las páginas del último libro que se compró, algo de Borges La Náusea de Sartre, por si lo quieres saber. O igual está cansada de esperar la última ola del día y se ha ido por el mismo sitio por el que vino dándole patadas a un guijarro solitario.


Pero lo más probable es que llegues tarde, que no la encuentres hasta que no pasen años y te olvides de su cara. Cuando la encuentres y no la reconozcas será el momento, cuando su nombre sea el de todas las mujeres. Ironías de la vida, se aburrió de esperar y tú te olvidaste de su voz. Pero es que las habitaciones de hotel nunca fueron un lugar para uno, y menos para Charlotte. Aunque las botellas del minibar sean ridículamente pequeñas, siempre está dispuesto el servicio a traer un champán a horas insomnes. Ella pidió un buen champán, pidió hielo y dos copas. Acabó dormida en una postura extraña, con la copa entre los dedos y los ojos hartos de mirar la puerta que no se abría. El champán caliente y la habitación muda. Nunca podrás decir que no estuvo allí en el momento adecuado ni el tiempo suficiente. 
                      
                                               Te dejo frente al mar 
 descifrándote sola
 sin mi pregunta a ciegas 
 sin mi respuesta rota. 

 Te dejo sin mis dudas 
 pobres y malheridas
 sin mis inmadureces 
 sin mi veteranía.
                                                      
Quizá quieras saber que hace poco se compró un reloj para colgárselo del cuello -en un alarde de masoquismo-, para darse cuenta de cómo pierde el tiempo. Dice que las manecillas se mueven en un baile siniestro, un ballet maldito en el teatro de la vida. Me contó que nunca llevaron la misma hora vuestros relojes, nunca coincidían, jugaban al perro y al gato en una danza interminable de palabras inútiles, vacías y dolorosas. Cada segundo era un beso del infierno, cada segundo era rozar el paraíso y el abismo con la punta de los dedos y la uñas rotas sin pintar. Lo sublime y lo ridículo nunca estuvieron tan cerca, haciéndole muecas en el espejo cuando no se daba cuenta. 

Me ha dicho que no te diga nada si te veo, pero bueno, no creo que se entere. No sé si la encontrarás, no sé si realmente quieres buscarla, tampoco si vale la pena, si es mejor que Melancolía se vaya por la puerta trasera sin molestar, apagando en ginebra su fulgor azul. Pero lo más seguro es que ella ya  esté a mil kilómetros de aquí, perdiéndose por Tokio con algún desconocido interesante, hipnotizada por el gong que retumba en los templos, los cerezos en flor y los karaokes de neón. De la mano con alguien que la haga sonreír.
    
Estaré donde menos
 lo esperes 
por ejemplo
 en un árbol añoso 
de oscuros cabeceos.

 Charlotte seguirá allí, donde menos te lo esperes, quizá vuelva a casa contigo, quizá te bese y te de la mano. Pero su mano estará fría como un muerto, sus besos no te quemarán como antes porque los volviste de piedra con tus ausencias, que cincelaban sus ojos fijos en la puerta. No creo que la vuelvas a encontrar, ha cambiado de perfume. Aunque si la ves, no le digas que te te conté esta historia, por favor. Merece irse tranquila, quitarse el velo de alquitrán de la mirada y volver a escuchar sus canciones preferidas, que un día le robaste.

Estaré en un lejano
 horizonte sin horas 
en la huella del tacto
 en tu sombra y mi sombra.
-Benedetti-