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lunes, 26 de marzo de 2012

Carta a 3 días de la huelga general

Estimados Sr. Méndez y Sr. Toxo:

Hoy me sorprendí a mí misma pensando en qué haría yo si tuviese trabajo y se me planteara la posibilidad de hacer huelga el próximo día 29. Como no trabajo (y me dirán que no sé de lo que hablo) intento ponerme en el lugar de aquellos pocos que aún lo conservan para poder analizar con cierta distancia la huelga del jueves.

Lo primero que me vendría a la mente sería irme a la Sede Central, a inmiscuirme en sus conversaciones ( y discúlpenme por ser así de indiscreta) : 

- Vaya con Rajoy, que ni 100 días se ha esperado para sacar el hacha- dice Méndez.
- No te hagas el tonto, que a los votantes igual les engaña pero esto ya lo sabíamos todos.- responde Toxo.
- El estado de Bienestar se va a la mierda
- ¿Habrá que hacer una huelga, no?
- Si se la hicimos a Zapatero, ahora también será cuestión.
- ¿Y no se nos ocurrirá otra cosa?
- Eso son horas extra macho.

Lo segundo sería regalarles una Moleskine, a ver si con este método creativo se les ocurre algo nuevo.  Y si no, por lo menos pueden pensar en frases hirientes para ir tuiteando en la mani. Ese día sacarán ustedes la chaqueta de pana, la máscara de indignación y los discos de Llach,  mientras meten  a toda prisa en el armario los de Julio Iglesias, los politos de Lacoste y la máscara pánfila que suelen llevar a las negociaciones con el gobierno. Y de ahí me iría a la calle Génova, a confirmar mis sospechas:

- Mariano, te he puesto en la mesa un post-it para que te acuerdes del teatrito que los sindicatos organizan el 29.
- Gracias Soraya, casi se me olvidaba, con lo fructífero que será ese día... El sector privado currará, ya que tal y como ha dejado la reforma laboral las cláusulas de despido de ahí no se moverá ni Diosh; y el sector público, pobrecito mío, hará el gamba como siempre. La de sueldosh que nos vamosh a ahorrar Sorayita, va a ser épico. Si aún nosh saldrá bien y todo, habrá que apretar más las tuercas a ver si hacen un sarao de estos de vez en cuando y hacemos caja más a menudo.
- Tienes toda la razón Mariano, esta mañana le he dicho a uno de mis 28 asesores que calculasen el dinero que dejaremos de pagar a un funcionario medio por un día de huelga y la bromita les cuesta entre 100-150 € de salario. ¡Qué penita me dan!, ¡Me parto la caja B! Pero nada, nada, si ellos están convencidos de que les va servir para algo, ¿quién somos nosotros para hacerles despertar? Para una vez que estos ateos creen en algo.

Lo tercero sería escuchar las conversaciones de los fumadores durante el descanso matinal. 

En la puerta de un colegio:
- Bueno, y tú ¿vas a hacer huelga?
- No lo sé...por una parte pienso que no servirá de nada, pero por otra, como se la hice a Zapatero... y con la que está cayendo en educación... sería inmoral no hacerla.

En la puerta de una oficina:
- Bueno, y tú ¿vas a hacer huelga?
- Sí, claro, y que me pongan en la lista negra cuando los despidos están a la orden del día... vaya ocurrencias.

En la puerta del Pull and Bear:
- Bueno, y tú ¿vas a hacer huelga? 
-Ni de coña, que este mes tengo que pagar los implantes y si me quitan parte del sueldo tendré que hacer horas extra.

Y por último trataré de adivinar cómo será España el día 30, después de que la Huelga General ya se haya hecho las fotos pertinentes; la derecha acuse a los manifestantes de radicales, a los sindicatos de falta de responsabilidad social; los socialistas respiren tranquilos al ver que no fueron los únicos a los que les montaron huelga. Ese día España será el mismo país, con su Ñ, con su penúltimo puesto en Eurovisión, sus corruptelas, su Parlamento de comedia de Valle-Inclán. Los funcionarios tendrán 100 euros menos a final de mes, el sector privado seguirá su ritmo ajeno a lo que ocurrió el día 29, los datos de la manifestación serán harto discutidos por unos y por otros, Twitter se llenará de revolucionarios. Pero el TrendingTopic morirá pronto. Un día de huelga general no frenará la reforma laboral, ni los presupuestos, ni los recortes; si al volver de la manifestación colgamos la camiseta con mensaje original y subversivo y nos enchufamos en vena un par de horas de tele-basura en la pantalla plana que nos compramos hace un mes. 
Entonces nada cambiará y todo seguirá cayendo a toda velocidad por el precipicio de la Historia, basurero de la barbarie humana,  lugar incierto y oscuro del que cada vez sale un tufo más insoportable. Así que estimados dirigentes sindicales, preparen grandes dosis de ambientador en spray.

Atentamente,

N. Molines






viernes, 23 de marzo de 2012

Besos rotos en el 9 Tragos


Los besos de Europa son balas prestadas que se clavan en cráneos islámicos que tratan de abrir viejas heridas. Heridas cubiertas con coronas de laurel y flores mustias, con inscripciones grabadas por encargo. (Aunque hoy no puedo hablar de eso).

Sus besos eran como ceniza en la boca, como vidrios en la lengua y llagas del amanecer.
Se fumaba la vida en un par de caladas.Y luego ¿qué? 
Luego besaba hasta arrancar la piel a tiras y usaba la sangre de carmín. Esos eran los besos que recordaba, los que disfrazaba con adjetivos imposibles, con acordes desgarradores que taladraban su cabeza, sentada en el 9 Tragos. Esos eran los besos que colgaba en su pared, impresos en polaroids en blanco y negro. Besos que nunca existieron más allá de la locura y la vida insana de bares trasnochados. Besos que eran bocanada de aire negro, bendición maldita de quien se escapa cuando llega la hora de volver a casa.

Entre beso y beso, ella fumaba mucho, demasiado. Los hombres eran ceniza, se los fumaba, aguantaba el humo unos segundos y los dejaba ir. Su contingencia era irónica, las palabras de aquellos eran puro viento, pura mentira desgarrada. Pero ella lo sabía, y aún así seguía repartiendo miradas, como barajas de póquer amañadas de antemano. Seguía jugando a la ruleta rusa, con cuchillos de letra y dialéctica adornados con pestañas postizas, tras un biombo de sombras chinas que proyectaba sus desvaríos. Y al salir se echaba perfume caro e inútil, si no hacía enloquecer, caro e inútil si solo servía para llevarse a la trastienda al primero que vistiese de cuero. Besos que desabotonaban camisas con un leve roce. 

En el 9 Tragos la persiana siempre se bajaba a medias, se podía fumar sentado al calor de un gintonic, previo pago. Y cuando nadie decía nada y el humo ya era dueño del lugar, le pedía a Joplin que cantase, solo para ella y que su voz rota irrumpiera como un torrente de furia, una síntesis del dolor compartido a altas horas alrededor de una mesa y un par de copas de más. Por la puerta quizás entre él, o al menos alguien que se le parezca. Jugará con ella al billar, evitará su mirada -que es dardo- , y tarareará confusamente aquella vieja canción : "Qué dolor sucio y traidor, me envenena el corazón, sé que ella jamás enloqueció, jamás perdió el control". Despistado, perderá la partida, meterá la negra y pedirá otra copa para olvidar su vida triste. Queridas, eso es lo que suelen hacer los hombres. 

Apura el vaso de ginebra tibia , se deja caer sobre la silla y piensa en los besos robados de Doisneau, estampas demasiado típicas de un París ensayado mil veces antes de la escena final. El tercer acto, el portazo, el monólogo que se clava, el pie que un actor olvidó. Mientras todo sigue igual, en el 9 suena rock español, Rosa se acaricia el tatuaje, "Quien lo probó lo sabe" dice su piel. Espero que no se arrepienta de las agujas que dibujaron su futuro. Solo quiero matarla, a punta de navaja, besándola una vez más. 

El cenicero ya está harto de la noche, de sus penas y de las confesiones hechas bajo la mirada acusadora de la ceniza. Es cementerio de secretos compartidos a horas insomnes, cementerio mudo de la risa que habita en ese lugar. Como cada noche es testigo de miradas cómplices que atraviesan el bar, como flechas sin blanco al que dirigirse. Y de fondo suena esa voz de Minnesota que escuece como el alcohol barato comprado en lugares poco recomendables. Ella le escucha ausente, solo a él, a su armónica, a su guitarra, le escucha mientras Rosa habla sobre el pasado. ¿Qué pasado?, ¿cuándo sucedió todo aquello que le cuenta?. Ella tiene la sensación de que jamás ocurrió, de que aquello es tan solo un juego de palabras con el que llenar el vacío que anida entre la botella de Beeffeater y la mueca histriónica de ambas. Vieja amiga, siempre acabamos en el mismo lugar, hablando de lo mismo, maldiciendo a los hombres y a las malas mujeres que nos robaron nuestro instante de felicidad. 

Y recordamos juntas el beso en el abismo de Klimt, ese asidero marchito al que la mujer se agarra mientras las flores mueren bajo sus pies . Siempre tiene que morir alguien. Ese beso desesperado, donde los labios son llagas que se agrietan con el frío extraño de la primavera. Ese beso como dardo que muere solitario entre una multitud indiferente, entre la prisa de la mañana y la vida racional, ese beso abocado al fracaso desde que nace en la dulce melodía de un piano desafinado. Pero bello, al fin y al cabo. Todo es bello cuando alguien toca el piano, o incluso un violín-aunque suene a maullido- si la escena es en blanco y negro, si se congela sutilmente y se abstiene a ser comentada. Llega a ser tan bello que aunque la escena acabe mal, aunque él se marche por una calle sin asfaltar, levantando polvo a cada paso, difuminando su huida con una sonrisa falsa, con las manos en los bolsillos, girándose de vez en cuando para ver si ella sigue allí, sin poder evitar que una lágrima cicatrice en su mejilla. Ya se sabe, hay besos que se dan con la mirada, hay besos que se dan con la memoria. Y hay besos que jamás se darán en esta vida, creo.

martes, 20 de marzo de 2012

La lluvia se llevó la pólvora y la revolución.


 Charcos que reflejan el cielo sombrío de la ciudad, pisadas que salpican, coches que te calan al pasar. Ya no huele a pólvora, ni a fuego, ni a revolución. Las calles vuelven a ser grises, caras cabizbajas que sostienen paraguas negros, todos iguales. La primavera se tiñe de gris y vosotros os escondéis avergonzados.


La #primaveravalenciana perdió su olor a revolución y se echó perfume de pólvora y folclore. Visca Valencia! A nadie se le ocurrió arrojar a los malditos a la pira, seguimos aplaudiendo al elenco de balcón municipal cada vez que salen con su mueca hipócrita, sonrisa triunfal porque saben que lo han conseguido. Saludan, se dan codazos cómplices y miran desde arriba, ¿lo ves como siguen estando ahí?. Y desde abajo, embelesados coreábamos, "Senyor pirotécnic, pot començar la mascletà". Los golpes de carcasa ya no recordaban a los porrazos, los gritos de los jóvenes pedían ruido, nadie iba a comisaría por cortar la calle. Que son falles, home! ¿Dónde estábamos? Aplaudiendo a la Fallera mayor, ¡ay qué guapa que es!, a la alcaldesa, ¡mira que campechana!, al pirotécnico y a la madre que se inventó los buñuelos.


Todos estaban allí, los que protestaron, los que maldijeron, a los que les golpearon en la cabeza y a los que les truncaron el futuro. Todos. Alimentándose de patriotismo barato, del que tiene una capa de caspa por encima desde hace años. Folclorismo apolillado que exalta los ánimos más que la injusticia o la corrupción. Allí estaban todos, jaleando el despropósito, las ambiciones rancias de aquellos que mienten y roban mientras todos miran al cielo en la Mascletà, mientras se ciegan por la vana grandeza de un muñeco de cartón. ¡Quina cosa més bonica xé!. Mientras, seguimos cegados por las luces, por el fuego; mientras, seguimos sordos por las tracas y los aplausos de las 14:09; confundidos por el olor a aceite quemado de churros que se adueña de la ciudad... mientras, se siguen riendo de nosotros en el balcón, en sus despachos decorados con estampitas, en sus butacas de cuero nuevo sucias de ceniza de puro.


Ya nadie se acuerda del Lluís Vives, de los golpes, de la educación, de Grecia. ¡Ay Grecia  que en cenizas quedaste!  Nos dieron pan y circo, y queridos, funcionó como siempre ha funcionado. La #primaveravalenciana ha sido otro quince-eme, otra estafa de la revolución, astuta de moda que siempre nos embauca y nos llena la boca de palabras que pronto mueren. Vete al burdel donde te dejaron abandonada los que estaban en primera fila cuando corría el 68, vete bajo neones rojos que es lo único que te queda. Pero no me quites más el sueño, no me vuelvas a hacer creer que algo cambiará. No me vuelvas a gritar al oído viejas canciones que hacen que me levante en vano, si en realidad es el Ipod quien las canta. No vuelvas a arrojarme a la cara imágenes que hacen que la sangre me hierva, si luego las quemas entre ninots sin indultar.


Haz lo que quieras vieja amiga, pero no sé si estaré la próxima vez que me llames, no sé si cuando esto reviente acabaremos tomando un gin tonic  a la luz parpadeante de neones rojos, con la sonrisa cínica en la máscara, dando rienda suelta a la carcajada como último recurso para creer en algo. No lo sé amiga, no sé si estaré.


lunes, 19 de marzo de 2012

Arderá




"Yo tengo el fuego en mis manos. Yo lo entiendo y trabajo con él perfectamente, pero no puedo hablar de él sin literatura. Yo comprendo todas las poéticas; podría hablar de ellas si no cambiara de opinión cada cinco minutos. No sé. Puede que algún día me guste la poesía mala muchísimo, como me gusta (nos gusta) hoy la música mala con locura. Quemaré el Partenón por la noche, para empezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca."  F.G. Lorca

El fuego siempre está ahí, colándose entre los poros débiles, irrumpiendo sin pedir permiso en el salón de tu casa cuando crees que todo va bien. El fuego te lanza platos a la cara, se ríe cuando tratas de esquivarlo o cuando intentas apagar su rabia con Coca-Cola light. Los chispazos espontáneos o pseudoplaneados,  lo avivan y lo hacen crecer, alimentan sin control a ese monstruo rojo candente que a veces no sabemos cómo manejar y entonces se nos escapa llamarada a llamarada haciendo arder todo lo que tenemos alrededor. Pero no nos engañemos, el fuego nos mantiene vivos, nos recuerda que nuestra vida va más allá del melevanto-trabajo-como-meacuesto. La llamarada es la razón para escribir algo bueno, para escuchar una canción y que sangre, para leer algo y darte golpes contra el papel diciendo, ¡esto es!. Al fin y al cabo es esa droga que andamos buscando los melancólicos, el volver a encontrar ESA canción, ESE párrafo, ESA mirada que en su día hicieron saltar por los aires algo en nosotros. 

 Y ahora, cenizas, vestigios incómodos del incendio, polaroids calcinadas que sonríen con sarcasmo, papeles abrasados cuyas letras se pierden entre el humo que se marcha en tropel, libros cayendo de las estanterías y estampándose contra un suelo cubierto de lo que ayer fue y hoy es nada, amigos que se van para no volver por la puerta de atrás cuando nadie mira. Nunca vuelven cuando toca limpiar el caos ajeno. Pero otros se quedan, te ponen un disco con el que enloquecer, Californication hasta que los tímpanos digan basta, abren las ventanas para que el viento te golpee en la cara y te despierte de una vez. Golpe de viento cruel que se llevará las polaroids y los papeles en un cortejo fúnebre de lo más primaveral y alegre, porque saben que volverán. Los que se quedan pasarán horas contigo recogiendo todos los pedazos ridículos que cayeron en tu Troya particular, rompes fotos, rompes cartas; horas que acaban siendo pura carcajada, amarga, pero carcajada. Los que se quedan son esas personas que sabes que jamás olvidarás, aquellas a las que les perdonarías casi-todo, aquellas por las que vale la pena sonreír y escribir.

Y mientras escribo las carcasas de pólvora de la Mascletà hacen vibrar mi ventana, retumban entre estas cuatro paredes y me hacen sonreír. El mundo sigue sin mirar atrás, hoy Valencia arderá y el cielo se llenará de destellos bajo la atenta mirada de aquellos a los que nos gusta el fuego. Y pienso en mi hoguera particular, que ha crecido estos meses rama a rama, ramas que atropelladamente he ido recibiendo con los brazos medio abiertos, sin saber si quedármelas o lanzárselas de vuelta a quien me las tiraba. Y ahora tengo un buen montón de madera inútil, ¡palos gratis! como diría alguien que aún conserve el humor, madera que arderá esta noche para hacer honor al origen de nuestra querida fiesta regional: purificación, que arda lo malo y se quede calcinado en el suelo del pasado; renacimiento, llevando en la maleta todo lo bueno que ha ocurrido para que los brotes de esta primavera que viene sean maravillosos, espectaculares, felices. Y cuando a las doce todo arda, con la mirada fija en la llama me dolerán los ojos por el humo, por el brillo abrasador que destila el incendio, y pensaré que el 19 de marzo de 2013 quizá sea igual, pero no importa, seguiremos escribiendo a pesar de todo, seguiremos manejando el fuego con literatura aunque de vez en cuando nos quememos.



viernes, 16 de marzo de 2012

Ortega y Gasset: «Miseria y esplendor de la traducción» (reseña)



Ortega da comienzo a su ensayo comparando la utopía humana, los propósitos nunca alcanzados, con la tarea del traductor. Mientras que el autor se expresa de un modo libre, el traductor siempre se ve asediado por los muros gramaticales y sintácticos que acaban «domesticando» al texto original.  Sin embargo, la dificultad en la traducción puede variar según el tipo de texto, véanse aquí divididos en científico-técnicos y artísticos, como ya hizo Schleiermacher. En cuanto a los primeros, el autor defiende que su traducibilidad es mayor porque ya han sufrido un proceso de pseudotraducción al ser redactados, es decir, el autor original adaptó su mensaje a una terminología determinada que poco tiene que ver con la lengua natural.  En cuanto a los segundos, cuando salimos del terreno técnico y nos lanzamos al plano literario el problema se torna mucho más oscuro, entramos en el campo de la subjetividad.
Para defender su particular visión de la traducción, Ortega se apoya en dos premisas: por una parte, en el relativismo lingüístico y por otra en el anacronismo del lenguaje. En cuanto a la primera hipótesis, se parte de la idea de que nuestro pensamiento está directamente ligado al lenguaje y a la inefabilidad de Lo Real. Es decir, cuando hablamos solo somos capaces de expresar con palabras una mínima parte de nuestros pensamientos, por lo que las partes sustanciales del discurso se hallan en los silencios. Ortega defiende aquí que las diferencias intralingüísticas  se basan precisamente en el equilibrio que cada lengua otorga a los silencios y a la palabra. El papel del traductor en este pasillo de silencios reside en conectar unos con otros para acercar el pensamiento entre culturas, divergente a causa de esos vacíos del discurso variables entre ellas.
En cuanto a su segunda premisa, el anacronismo del lenguaje, Ortega dice que « No hablamos en serio». Con esto quiere decir que nuestra construcción lingüística actual no corresponde a lo que realmente queremos expresar. Ejemplifica esta hipótesis con diversos enunciados que revelan el carácter de construcción metafórica de nuestra lengua. En sus orígenes estos enunciados y esta visión del mundo eran literales,  ya que el lenguaje fue la primera ciencia, pero del mismo modo que la concepción metafísica de cada pueblo fue diferente, al mismo tiempo resultó ser su lenguaje. La tesis del relativismo lingüístico viene en este ensayo apoyada por el modo en que Ortega nos explica el proceso de formación intelectual y del lenguaje, visto como una clasificación de los fenómenos, una simbolización de Lo Real que acaba con la singularidad en el absoluto del mundo, que propone tantas vías de ser clasificada como lenguas hay en la tierra. Es decir, las diferencias las crean las palabras, no la percepción, quien se adapta a ellas, como bien podemos ver con el ejemplo de los esquimales que tienen una decena de términos para diferenciar la nieve, mientras que en nuestra estructura lingüística solo reconocemos una palabra y por lo tanto todo tipo de nieve será visto del mismo modo. Así, con una coherente ejemplificación Ortega justifica que el lenguaje actúa como una malla de pensamiento sobre la realidad para codificarla y que cada lenguaje tiene su propia malla o estructura sobre la que la concepción de la realidad se vertebra. La tesis de Ortega es en este punto ciertamente próxima a la primera formulación de la hipótesis de Sapir-Whorf sobre el determinismo lingüístico. El problema, como señala el autor, es que estos «marcos» se han quedado obsoletos y seguimos empleando construcciones que realmente no tienen su sentido literal. Dice: «Al hablar somos humildes rehenes del pasado».
Una vez Ortega ha sintetizado su postura sobre la lingüística se centra en la traducción en sí misma, tomando como modelo de contraposición los dos modos de traducir según Schleiermacher. Como bien sabemos, el alemán defiende que se puede traducir acercando al autor al lector o bien al lector al autor. Mientras que en el primero adaptamos el lenguaje original, por imitación o parafraseando, en el segundo se obliga al lector a introducirse en un ambiente lingüístico ajeno propio de un texto traducido. Es este segundo modo el que toma Ortega como válido en su concepción de la traducción, pues al declarar imposible la perfecta traslación de un texto, la obra meta no debe pensarse como una copia o doblez del original, sino como una vía de acercamiento a esta. Esta vía puede encaminarse por la parte estética, por la del contenido… por lo que una misma obra admite diversas traducciones si estas se acercan desde perspectivas diferentes a ella.  Lo que según el filósofo no debería hacerse es acentuar la preeminencia de lo estético, para favorecer la comprensión al lector, mientras que el texto queda baldío, sin mensaje ni contenido. Así, para Ortega una buena traducción es aquella que a pesar de su falta de eufonía sea clara, aunque precise de notas al margen, pues el lector debe darse cuenta de lo ajeno que se halla en ese texto para comprenderlo bien. Es decir, si adaptásemos el lenguaje que Platón empleó por aquel entonces, con su ático conciso y directo, al uso actual realmente el mensaje no se captaría de la misma manera.
De este modo, el buen traductor es aquel que procura «salir de nuestra lengua a las ajenas, y no al revés», a pesar de la extrañeza que pueda provocar en sus lectores. Si además de esto consigue mantener un estilo bello, como sí es más posible en las traducciones contemporáneas, su labor se eleva a las cumbres más altas de la tarea humanística.
                En cuanto a la valoración crítica que podemos hacer sobre el texto, nos gustaría señalar que coincidimos con la tesis del autor sobre la influencia del lenguaje en el pensamiento y la visión del mundo que se deriva de las estructuras que el lenguaje crea en el sujeto. Por otra parte, no estamos del todo de acuerdo con frases como « Pensamos deslizándonos intelectualmente por carriles preestablecidos a los cuales nos adscribe nuestro destino verbal», ya que este determinismo lingüístico implicaría que todo nuestro sistema cognoscitivo está previamente configurado por el lenguaje desde que lo adquirimos. Por otra parte su visión de la traductología, nos ha parecido interesante ya que coincidimos con la idea de que una traducción no puede abarcar todos los aspectos del original por lo que debe dirigirse en una dirección concreta dejando algo por el camino, siendo este algo antes la estética que el mensaje. Al fin y al cabo, la idea de Ortega de que una traducción nos debe sonar extraña no es una proposición tan descabellada, pensemos por ejemplo lo poco fructífero que sería leer el Quijote en un español adaptado a tiempos modernos, donde la grandeza del verbo que tenía el caballero andante, la apología a la libertad femenina de Marcela, o la llaneza de escudero Sancho Panza se viesen reducidas a las palabras de un loco,  a las de una feminista del siglo XXI o a las de un pueblerino moderno. Hay ciertos textos que deben sonarnos extraños, tanto si son de nuestra lengua como si son obras traducidas pues es quizá ese punto diferenciador lo que las hace esenciales en nuestras atestadas estanterías. 

jueves, 15 de marzo de 2012

And after all...

Después de romper la ola solo nos quedó la espuma.

Después de pasearnos como funambulistas por reinos ajenos, por un ridículo cable de metal que atravesaba la ciudad...
Después de divagar durante horas entre dardos, estoques y palabras regaladas, después de las preguntas sin respuesta, después de los silencios en los camerinos sórdidos de aquel teatro...
Después del café, amargo; después de la mirada furtiva abocada al fracaso, relegada a ser nadie en un lugar que no era el suyo, lugar de focos, boas y ligueros...
Después de escribir compulsivamente, de tachar con rabia y reescribir encima con el puño más cerrado, después de andar sin rumbo fijo para tratar de encontrar el camino...
Después de hilar tapices de lo bueno, de lo sublime y de lo ridículo, después de cortarlos en pedazos y regalárselos al primero que pasara por aquellas calles berlinesas...

Después de esto un tramoyista despistado baja el telón con retraso. 
Después de esto todos aplauden sin entender qué pasó en escena.
Después de todo, ellos tampoco lo entendieron, pero aprendieron a vivir en un lugar donde las cosas no tienen explicación. Ese fue un día maravilloso, pero el espectáculo debe continuar. Ese fue un día maravilloso, pero un día al fin y al cabo. Por suerte la verdad es amiga de la casualidad, de la oportunidad y del fracaso; por suerte o por desgracia nada puede ocultarse mucho tiempo.

Fdo. Sally Bowles


domingo, 11 de marzo de 2012

Memoria

Yad Vashem, Israel 2010


Cielos airados de pluma,
ventiscas que clavan cristales,
gotas que mecen la cuna
de mil ansiosas soledades.

Alambradas que impiden escapar
al atávico sueño de la esperanza,
al vuelo impío de las golondrinas
que pasan sin posarse ni saludar.

Oscuras pupilas miran de soslayo
la sangre que tiñe ideas y tierra,
mientras violines malheridos
gritan notas en el Campo.

Madera negra sostiene el llanto,
el peso del cuerpo inánime,
los ojos fijos, rojos y ausentes
la historia vieja es su manto.

Piedras  grises y escarchadas,
hierba muerta desde siempre,
árbol de rama solitaria,
alondra para siempre silenciada.


viernes, 9 de marzo de 2012

Tic..Tac..Tic..Tac.




Jóvenes y malditos
vidas sin compromiso
en el final de su era
como personajes de Fitzgerald.
Y la vida se les fue de las manos
viene a cobrarse los servicios prestados
lobos con piel de cordero
ángel caído con chupa de cuero.


Tic..Tac...Tic..Tac. Se para por fin el reloj, sus agujas inmóviles me dan un respiro, un momento de calma con fondo blanco y suave jazz. El ritmo frenético de la ciudad me atrapa y me ahoga a la vez, en una vorágine de caras, pasos, codazos y olor a pólvora. Pero de vez en cuando, una logra escapar, hallar reductos de paz que se esconden tras muros pintarrajeados donde crece la maleza. Pero de vez en cuando me vuelve a sorprender una calle, el marco de una puerta pintado a lunares, una tienda anacrónica, personajes inesperados... Esas son las pequeñas cosas que dan sentido a una existencia a veces caótica. Me entristece ver la prisa ciega de aquellos que no son capaces de posponer un momento sus inanes compromisos para escuchar las notas trémulas que se cuelan por los callejones del casco viejo. Me entristece que no puedan apreciar la belleza ni disfrutar del silencio. Ese silencio amable que muchos tratan de romper porque les aterra ese contacto directo con Lo Real, lo llenarán pronto de palabras nimias para no tener un momento de calma que haga patente el verdadero silencio de sus mentes.

Tic..Tac..Tic. La brisa enfurecida alborota los papeles que atestan mi mesa, me revuelve la melena mientras me pregunto para qué me peino. Un lápiz trata de contener las direcciones impredecibles de mi pelo mientras bebo a sorbos un té verde hirviendo, y escribo. La cura más maravillosa, el psicoanalista más barato y el espejo más limpio. Eso es escribir. En estos momentos las agujas siguen congeladas, acusadoramente fruncen el ceño. Les fastidia no poder robarme este momento, que las ignore mientras ellas quieren continuar avanzando. Habéis corrido demasiado últimamente, las semanas se me hicieron meses, los meses años y ahora todo está tan lejano... que no puedo dejar de sonreir pensando que soy capaz de deteneros y quedarme a vivir donde sueño. El tiempo subjetivo es algo que me inquieta, parece correr cuando está detenido. Pero la ceniza se sigue consumiendo, la gente viene y se va, pierdo el bus, pierdo el metro y me quedo esperando en la parada mientras leo. Y vuelvo a perder el bus por no estar atenta. No importa, llegaré a casa tarde otra vez. Mientras escribo se despide la tarde, se me escapó de nuevo. No importa, llegaré tarde otra vez. 


Tic..Tac. El móvil suena, Twitter, Whatsapp y Facebook me reclaman. No esta vez. Lo pongo en silencio, cierro las ventanas de mi habitación y de mi pantalla. Y si me apuras de un manotazo mando a mi vetusto Sony Ericsson a mundos mejores, véase entre pelusas bajo la cama. Y me vuelvo a lo que de verdad importa, a las conversaciones sobre la nada en la cocina, riendo a carcajadas y acusándonos mutuamente de ser unas soñadoras-paranoicas  incurables mientras apuramos el último sorbo de café de tu Nespresso, querida amiga pragmática. A veces te envidio tanto, capaz, sensata y con los pies en la tierra. Pero al final lo que una es no lo puede cambiar. Porque lo bueno en esta vida son esos instantes que valen la pena a pesar del dolor. Momentos de luz cegadora que te sobrecogen, te atrapan y te salvan aunque tu cabeza vuele alto, a million miles away. 


Tic. Se acaba la pausa, las excusas y las medias tintas. El mundo exterior me llama a gritos, las explosiones de petardos me desconcentran, las risas de los niños del parque me recuerdan tiempos mejores. El mundo llega tarde siempre, no puede detenerse para esperarme unos minutos. Así que apurando las últimas caladas de este viernes de calma trato de pensar dónde estaré mañana, o la semana que viene, este verano o dentro de diez años. De qué color será mi pelo por entonces, qué canciones sonarán cuando no haya nadie para escucharlas, qué escribiré. De momento aquí me quedo, entre las cuatro esquinas del papel que son mi casa mientras de fondo suena Welcome to Paradise. So ironic. 


Recordando a Bukowski, reciente y apasionante descubrimiento, hoy que se cumplen 18 años de su muerte me quedo con esta: "Algunas personas nunca enloquecen. Tendrán unas vidas realmente horribles"