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domingo, 26 de febrero de 2012

Un fogonazo de luz, un desgarro interior.


All I can ever be to you,
Is a darkness that we knew[...]
When there's so many bigger things at hand
We could have never had it all.


Hay veces que el sueño no te acompaña. Hay veces que te quedas horas mirando el techo oscuro de gotelé que se cierne sobre una, que es insomne. Pensamientos aparentemente inconexos pasan zumbando por sus oídos, pasan corriendo y sin saludar. Ora viene Alex-Boy, ora una Ofelia ya entre flores ahogada y más tarde una conversación surrealista sobre La importancia de llamarse Ernesto . Un fogonazo de luz, un desgarro interior, una lágrima y aquello que ya no me tatuaré. Escuchar Cadillac mil veces, atrapada por luces de ciudad. Y encender la luz, y ver las rosas secas del jarrón junto a aquel libro que jamás leí y junto al pájaro de papel pintado que compré en Israel cuando sonaban los acordes de su guitarra en aquel mercado de Tel-Aviv donde no se regateaba. Y apago la luz, doy una vuelta, giro, me retuerzo y me quiebro. No funciona, la lámpara se enciende de nuevo y observo la montaña de libros de mi mesita que inevitablemente me incomodan con sus amenazadoras miradas que me recuerdan a quien no debería. Y aparto los ojos rojos mientras decenas de fotos se ríen desde su cómodo e inmóvil 10x15 mate con borde  a lo Polaroid. A la derecha, pared pistacho; a la izquierda, turquesa; enfrente, malva. Malditos actos de rebeldía juvenil. Aunque los vinilos heredados, Haring, Doisneau, Warhol y rarezas varias como una postal de un Cadillac de los 60, una botella de Jack, un autobús de hojalata lleno de entradas de cine, dólares arrugados o labios Dalinianos me hacen sentir en casa. Pero mis párpados siguen firmes, parecen resistirse a mi dictado  y parecen poco asustados ante un consejo de guerra del general Mirbeau.¡Insumisos! Mañana-hay-demasiadas-cosas-que-hacer, pero ya no importa, como no importó ayer, como no importa cada vez que aparece esa voz que no debe ser escuchada.

Early one morning the sun was shining 
I was laying in bed 
Wond'ring if she'd changed it all 
If her hair was still red

-My hair wasn't red anymore Bob- Solo los tacones  y los labios en sangre con fondo blanco, una Betty Page de andar por casa, decían.
6 a.m. marcaba el despertador.Y por ahí se arrastraban las divagaciones a punto de romper el alba, por callejas poco iluminadas, quizá solo por el parpadeo de un neón que reflejaba una silueta con la cabeza alta, preguntándose si algún día va a venir Melancolía para hacer estallar este mundo. Pero no oiremos la novena queridos, el silencio colapsará los poros hasta que alguien profiera el primer grito. Entonces mejor corred.
Y humo, un cigarrillo en la boca que se consume mientras pasan los minutos, ceniza que se suicida y cae de bruces mientras el humo sigue trepando... Y humo, el que me nubla la vista, toso, me quedo sin palabras, porque ya no son necesarias y toso otra vez. A ver si me arranco ya esa ilusión que es un callejón sin salida. Pero siempre vuelve esa imagen, la escena deseada, tumbados fumando hasta que se acabe el día, tumbados fumando mientras hablan de cosas trascendentales que a ella le quitan el sueño. Del futuro gris, del pasado difuso, del presente que no sabe cómo pensar. De la intolerancia, de la mediocridad, de la lucha. Del Rock and Roll, de Joplin y de Dylan; de las lágrimas de Amy que no se secaron on their own. De que quizá me tatúe esos acordes maravillosos de Bobby Mc Gee. De felicidad absoluta antre bambalinas, tratando de memorizar la última frase, enfundada en un vestido rojo sangre hasta los pies, creyéndome Macbeth en una Comedia sin título de Lorca que me atrapó:

AUTOR: Tú no me dirías nunca la verdad.
ACTRIZ: Ni nadie. Pero te cantaría la mentira más hermosa. A mí me gusta también la verdad un minuto nada más; la verdad es fea, pero si la digo, me arrojan del teatro. Me dan ganas de dirigirme al público y, en la escena más lírica, gritarles de pronto una palabrota, la más soez, ja, ja, ja. Pero yo quiero mis esmeraldas, y me las quitarían.

Se baja el telón, ya no se oyen aplausos. Nos quitamos la máscara y nos miramos a los ojos. Carcajada, se-me-olvidó-la-última-frase. No importa, tus ojos lo decían todo. Y desde entonces siempre se me olvida la última frase e intento decirlo con los ojos porque no soy capaz con palabras. A ver si dejan de estar mudos y gritan por mí un rato.

Se baja el telón, se apagan los focos de la comedia mental que me ha acompañado en esta noche de insomne malestar. Las rosas secas siguen en su jarrón, la pila de libros sobre la mesita, la botella de Jack acusadoramente vacía y las cajas de recuerdos bajo la cama, creo. Unas últimas notas mecen los postreros pensamientos del día que ya se cuela por mi ventana. La belleza, el recuerdo que perdura. Toda mi vida por ese instante de locura. Huiremos de una realidad obligada, viajaremos hacia un mundo de pasión desbordada...

lunes, 20 de febrero de 2012

¿A la calle?

La idea que llevaba para el post de hoy va a virar por otros derroteros tras los vídeos que he visto sobre la actuación policial- mejor dicho demencia policial- que se ha sucedido estos últimos días en relación con las manifestaciones de los alumnos del Lluís Vives. Aunque en esencia sigamos en lo mismo, las entradas sobre literatura, cine o traducción deben esperar.

No voy a extenderme mucho en calificar los hechos, el vídeo es suficientemente ilustrativo. No voy a romper el silencio que merece, cada uno que rellene con sus palabras este hueco blanco. Yo no puedo.

 Hace una semana   reflexionaba sobre mi necesidad de salir de este hoyo plagado de ignorancia que España. Me reafirmo en mis pensamientos y sigo pensando que manifestarse es inútil ( o al menos de este modo). Os entiendo compañeros, comprendo que queráis estar ahí, porque-es-donde-hay-que-estar. Comprendo que tengáis la ilusión de que algo va a cambiar por estar en primera fila, por ser perseguidos y pasados por la porra del primer perro que se acerque, pero ellos nunca serán los grises, ni nosotros una turba de jóvenes reaccionarios que pondrán al poder en problemas. No lo seremos si detrás de estos estallidos no hay una reflexión, si cuando la llamarada se apaga y vuelves a casa te sientas a ver Padre de Familia mientras le cuentas a tus padres: 
-Bua, a fulanito le han cascado pero bien, le he hecho una foto, ahora la subo al Tuenti.
No lo seremos mientras no seamos capaces de renunciar a nada, mientras la revolución sea cómoda y sea una pose, mientras se pueda protestar sentado en el sofá, con el aire puesto y twitteando "Apoyo a la #Primavera Valenciana". Cada vez que os manifestáis en el centro, se frotan las manos pensando: "Vaya concentración de jóvenes, cuando acaben con su numerito se irán derechos a Mc. Donalds o a mirar los escaparates de Colón", irónica y trágicamente, es cierto.
La revolución ya no está en la masa-unida-jamás-será-vencida, la revolución ya no es cuestión ni de gritos al aire, ni de pancartas pintadas con frases que riman, ni de carreras donde se pierde el hálito, ni lemas mil veces repetidos, ni de nada.
 La revolución, más que nunca no está en las grandes avenidas con setos a cada lado, ni en la plaza del Ayuntamiento (ya lista para las Mascletás, eso que no falte), la verdadera y más eficaz protesta está en los extractos de nuestra tarjeta de crédito. Someramente hablando, si el Master of Puppets actual son los flujos económicos, esa simbolización de "Los mercados" o "Los Bancos" (Que nadie nombra, que nadie sabe quiénes son pero todos odiamos sin saber por qué. Vaya pasadas nos juega el Otro aquí) un acto político les va a resbalar soberanamente. Y más, tal y como llevamos a cabo los actos políticos en España, país maldito de pandereta, donde suena el "Ai seu te pego" cuando una manifestación surca la calle la Paz (Esto es verídico, aunque me de vergüenza escribirlo). ¿Así, quién nos toma en serio? Los 4 diputados de Compromís o de IU, que de paso, salen guapos en la foto.
El acto más eficaz no ataca al político (que va a seguir ahí pase lo que pase, incluso si tiene que arrastrar las cadenas de recluso cuando va al Parlament), pues tampoco son ellos los que trazan la línea. El acto más eficaz ataca al consumo, pues al fin y al cabo, el dinero es ya lo único que duele. Y ahí llega el problema: es fácil salir a manifestarse, ponerse las chapitas y dejar así tranquila la conciencia, lo difícil es renunciar a lo que nos rodea. Y ya no sólo hablo de los lujos innecesarios que nos abruman, sino de los productos culturales que consumimos. Sería mucho más revolucionario que nadie acudiese a las Mascletás, ni al cine, ni se comprara el último grito en leggins estampados. Esa sería una respuesta mucho más lógica, más coherente con la reforma laboral, con la bajada de salarios, con la subida del IRPF... pero no, seguimos consumiendo como antes pero con la mitad de recursos, ¡perfecto! y luego sal a la calle pidiendo que les corten la cabeza. Córtasela tú primero a la Visa Oro que fundes cada mes.

Y a nosotros, estudiantes, vergüenza nos debería de dar la manifestación del jueves pasado. Bochorno, rabia y rubor. Eso no era la unión de unos estudiantes concienciados sobre la importancia de que la escuela pública prevalezca, eso era una charanga barata, donde las litronas era lo único que estaba en alto. Pero eso es otro caso aparte, que por mi estabilidad emocional y psicológica prefiero no comentar.

En definitiva, queridos compañeros del Lluís Vives,  de Valencia o de cualquier sitio donde se cuele la rabia. Pensad que vamos a ser quienes mañana tengamos que barrer las cenizas de una España rota, deformada por los espejos del callejón del Gato de una bohemia que se desvaneció cuando explotó la burbuja. Y que por muchos gritos en defensa de la escuela pública que vociferéis, desde sus despachos solo sois una minúscula mota de polvo que se va con un soplido, soplido que en la mayoría de los casos sois vosotros mismos cuando a los tres días os cansáis de perder el mediodía en la manifestación mientras podíais  estar viendo Mujeres y Hombres. La única defensa que podéis hacer de la escuela pública y de las ideas en general está en vosotros mismos, en vuestro empeño y vuestro tesón cuando os tiran un libro a la cara, en no acomodaros en la etiqueta de "generación perdida", en el " es que hay paro"- Pues ****, ponte las pilas, aprende inglés y lárgate de este pasillo de sombras made in China-.
Reflexión sobre el consumo, esa es la clave. Aprender y ser capaces de renunciar a muchas cosas, esa es otra. Pero cuidado con lo que se renuncia, que ya el otro día un reportaje mostraba una encuesta donde la mayoría preferían renunciar a su libertad de expresión antes que a su sueldo, o a la sanidad pública antes que a sus pagas extra... ay, que se os ve venir.

Concluyendo la entrada, me reitero, quizá este país no sea mejor que otros,quizá la mayoría estén ya cubiertos por el barniz pútrido que se extiende cual plaga, quizá la solución no sea llenar una maleta de libros y largarse, pero hay imágenes que se cuelan entre los poros de la piel mientras te gritan, con voces agudas y penetrantes que no puedes obviar: Corre, antes de que sea demasiado tarde. El problema quizá será, ¿Hacia dónde se puede correr?

miércoles, 15 de febrero de 2012

La lucha. Reply (La muchedumbre fantasma)



Atenas arde (Mejor dicho, ardía, ya la han apagado con latas de Coca-Cola light).  La cuna de la civilización se hunde entre miradas de desprecio por algunos y de miedo por otros que no ven su fin tan distante. Esta vez los persas son más rubios y aunque siguen usando trucos crematísticos para hundir a la ya ruinosa ciudad helena, no se esconden mucho en demostrarlo.


El murmullo creciente que se cuela entre las ruinas de lo que un día fue la ciudad más grande del mundo se clava en mis oídos, y me pregunto. ¿Tiene algún valor? ¿Servirá para algo? Quizá esos cócteles molotov que ruedan por las aceras de ceniza estén escribiendo historia. Quizá los gritos y el sonido de los cristales rotos anuncien lo que va a venir, quizá Europa se rompa. O quizá esos estallidos se apaguen con parches salpicados de necesidad, austeridad, responsabilidad y "no nos queda otra". 


Es difícil pensar algo que ocurre en el instante en el que se escribe. Supongo que deberían pasar unos años para poder escribir una entrada más coherente, y supongo que dentro de unos años me reiré de ella al ver que aunque Grecia siga hundida en la miseria no faltarán los iPhone. Aunque las ruinas de su pasado se amontonen en las calles como atávicos fantasmas, nadie se detendrá, todos seguirán su marcha incesante. No sea que lleguen tarde al estreno de American Pie 12. 


El problema es cómo pensar la lucha o la revolución en un mundo donde nadie- mejor dicho, casi nadie- es capaz de levantarse del sofá ni para cambiar de canal. La lucha ya no es de la masa, la historia evidencia cómo han acabado la mayoría de esas intentonas: los de abajo se rebelan, le cortan el cuello a los de arriba, se sientan sobre su cabeza aún caliente y acaban siendo peores que aquellos contra los que luchaban.
La única revolución posible está en la autoafirmación, en dedicarse a pensar para no ser arrastrado por la corriente demagógica que hoy apoya a Grecia en Twitter y mañana está más preocupado por la portada de Pilar Rubio, por el resultado de un partido de fútbol o celebrando San Ballantines. Aunque el pesimismo nos invada, hay que sacar fuerzas para crear de la ceniza. Ese mismo pesimismo es el único indicio que revela al sujeto despierto, quien regala gustosamente su felicidad ignorante. Y aunque la torre de marfil sea solitaria y polvorienta, también es reconfortante que de vez en cuando te lleguen gritos que te hagan pensar que no todo está perdido, que siguen existiendo personas a las que les gusta darse cabezazos contra la pared como a ti. 


El mundo no va a cambiar por una turba descontrolada, por un estallido de violencia que se ataca a sí mismo destruyendo sus tiendas, sus edificios históricos y sus cines. La gente acude sin saber por qué, ese es el problema. El tumulto crece y se dirige no se sabe a dónde, ese es el problema. Hacia ellos mismos, si mañana abandonan.Hacia ellos mismos si mientas gritan suben una foto al Facebook, con cara de mira-qué-revolucionario-soy. La violencia está presente en toda voluntad de cambio, sea física, dialéctica o implícita. Parafraseando a Deleuze, no sólo existen soluciones correctas y equivocadas, sino también problemas erróneos y acertados. Ésa es la clave. No sé si existe solución para un problema cuyo planteamiento ya es erróneo. Las dos salidas que han ofertado a Grecia acaban en el mismo lugar: abismo, abismo, abismo. Lo único discutible es el tiempo de caída. 


Y a nosotros, ¿qué nos queda en este utópico mundo de la lucha?:
1.Pensar sobre el pasado, pero sobre todo acerca del presente.
2.Escribir, que de hablar se cansan las palabras y luego todos se desdicen.
3.Leer. Compulsivamente. En el texto está la clave de todo lo ocurrido y de lo que está por venir.
4.Envolverse en uno mismo y darse cuenta que el poder real está ahí. In interiore hominis habitat veritas.


Que los puños en alto se rasquen la perilla. Que los puños en alto bajen al papel. Porque las manos arriba se cansan y duelen, pero luego eso se pasa y no queda nada, porque es fácil bajarla cuando nadie mira. La violencia más potente, la más eficaz es la propia (hacia uno y hacia los demás) y no la que se difumina entre los gritos obscenos de una muchedumbre fantasma.

domingo, 12 de febrero de 2012

Reflexión de domingo caótico




All I can ever be to you,
Is a darkness that we knew[...]
When there's so many bigger things at hand
We could have never had it all.


Confusión, mareas oscuras que te elevan y te hunden hasta el reino abismal y fascinante que allí se esconde. 
Confusión, vista borrosa frente a una pantalla brillante. Y palabras, palabras, palabras. Letras desordenadas que se clavan.
Y entonces escribo, entonces necesito escribir y oír a Amy y jazz y más jazz. Las trémulas notas que emanan los altavoces son compañeras de pentagrama y de noches insomnes en las que únicamente una palabra resuena... Confusión. Y me desvelo, y aunque sean horas eternas las que marca el reloj de pared de casa- que sigue tocando cada hora le escuchemos o no- vuelvo a los relatos, y salto de uno a otro y oigo un rato a Zaratustra, o me dejo acosar por las fantasías, o me pierdo por la Ítaca soñada mientras maldigo este insano vicio de leer de madrugada. Por suerte el café nunca nos abandona (Aunque seamos generosos al llamar café al brebaje de la máquina de la universidad).

El mañana se perfila extraño. Empezó siéndolo y no hay indicio alguno que diga lo contrario. Toca pararse a pensar, tirar los lápices, coger un boli y preguntarse. ¿Dónde vamos?¿Dónde estamos ahora? Y luego, empezaremos a tachar dudas, miedos y pensamientos innecesarios que devoran. Es hora de volver a lo que soy, de encerrarme un poco y leer, leer, leer. La palabra es lo que cura, lo que me empuja cuando entran las primeras luces de la mañana. Pero además necesito algo tangible, ese río oscuro lleno de ramas [...] esos  cientos de pájaros que me impidan  el andar que me arrastren como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y que me arrastren siempre, siempre, siempre, siempre. 


Francamente, no sé como terminar esta entrada.Así que le tomo la palabra a mi querida Ana: 
"Jamás entendemos el valor de los momentos hasta que se convierten en recuerdos. Por eso haz lo que quieras hacer, antes de que se convierta en lo que te 'gustaría' haber hecho. No hagas de tu vida un borrador, porque posiblemente no tengas tiempo de pasarlo a limpio"

Después de tantos borradores que se quedaron cogiendo polvo, de oportunidades que se 
despidieron con pañuelo al viento no queda margen para el titubeo."Viviremos en la
 carcajada, y sólo entenderemos el pasado cuando podamos afirmar que las cosas 
ocurrieron así porque nosotros realmente quisimos" F.N.

 Lo imposible atrae, lo prohibido fascina. Y cuando se da la conjunción de ambos... algo se rompe.

jueves, 9 de febrero de 2012

Lost Generation




A veces el pesimismo te hace maldecir el mundo. Te hace caer en la trampa más obvia, te hace creerte que tu generación está perdida, tirar la toalla y llenarte la boca de improperios-casi lo conseguís-.

Les interesa que nos convenzamos de que somos una Lost Generation- pero sin Steinbeck, Dos Passos, Hemingway ni Fitzgerald- para que seamos felices al aceptar un trabajo en el Pull, demos gracias por hacer horas extra y no seamos capaces de ver más allá del cuadro obsceno que nos han pintado con mal gusto.

Entrábamos en la universidad confiando en que ese sería nuestro pasaporte al éxito, un salvoconducto para tener la vida que el cine Hollywoodiense nos había hecho soñar, pero una vez allí nos limitábamos a ser muebles, a memorizar, a vomitar en los exámenes... sin llegar a aprender nada. Llegamos allí como arrastrados por la resaca de un mar enfurecido, sin oponer resistencia... pues ahora parece que todos debemos ir a la Universidad, ser graduados e incluso tener un Máster. Me pregunto, ¿para qué? Qué importa un título si no somos más que otro sujeto apagado, sumido en el pesimismo, conformista y que se esconde bajo excusas que no le van a sacar de su lodazal. No seamos el Último Hombre nietzscheano, eso es lo que les interesa.


El país arde y nadie es capaz de alzar la voz. Comprendo la impotencia, no que acatemos. Me sangran los oídos cuando veo cabezas gachas que se resignan y dicen: "Son tiempos duros, es lo que toca", "Hay que hacer un esfuerzo". Simplemente preguntaos, ¿A quién le están pidiendo el esfuerzo? Hoy leía las declaraciones de un político andaluz del cual no me quiero acordar, quien rezaba " El empleo es lo primero, luego vendrá el Estado del Bienestar". Patrañas, patrañas, patrañas. Nos darán el caramelo de un trabajo, y con eso nos tendrán apaciguados indefinidamente. Ya llegará el momento de devolveros lo que teníais, nos dirán. No tengáis prisa, seguimos en crisis por si alguien no se acuerda. Ya se encargan las televisiones de arrojarnos la palabra a nuestro plato mientras comemos, provocando cierta angustia y comentarios baldíos del tipo: "Qué mal está la cosa". Y nos lo creemos y engullimos el pedazo de pollo- estamos en crisis, no podemos comprar ternera-.


Casi lo conseguís. Por suerte muchos seguimos creyendo en que vale la pena. No seremos vuestros burros de carga, los que se echen a la espalda  las piedras que vosotros habéis tirado. Me niego a zurcir los trapos de una España que ya no es España, de un país que cada día siento más ajeno. De un país que ha vuelto la cara a sus jóvenes. Es pues el momento de darle una patada y decir: Me quedan dos años para el exilio.


Suave es la noche decían. Pues cada vez duele más, digo yo.