martes, 4 de marzo de 2014

Rituales

Porque el sentido se descomponía. (Y porque este texto no es coherente).

Recuerdo aquellos días cuando leí El perseguidor. Prometí leerlo contigo, pero estabas lejos, lejos. Recuerdo leerlo en voz alta, sentir la música detrás de las palabras. El cabrón lo había conseguido, una partitura hecha texto, un pulso herido que rondaba las cosas del otro lado y corría sobre las páginas a ritmo insomne e imperecedero. Las comas eran la propia pausa del narrador para coger aire, los párrafos remolinos de pensamientos que se agolpaban en el filo del saxo para poder salir a presión y dañando seriamente la puntuación establecida. Pero, el amor no tiene puntuación, ni el jazz tampoco, aquella locura era un gran acto de amor a todos los que aman el jazz. (Y no sé por qué ahora pienso en esto, intento recordar dónde dejé el maldito libro y creo que me lo olvidé a miles de kilómetros, en una estantería bárbara y abarrotada).  

Y mientras todo eso ocurría ya sólo en mi mente yo estaba de vuelta por la casa de este lado, la del Sur, la de los vientos húmedos y las calles abarrotadas. Echaba de menos las calles sin semáforos del Norte, pero estaba en casa (como si eso significara algo). Las acciones más cotidianas como cruzar la ciudad o coger un metro y odiar el metro se me hacían extrañas y ajenas, después de tantos meses de calma. (Volvía a tener tiempo para leer en los trayectos). 

Las calles empezaban a llenarse de Fallas y yo quería esconderme en un agujero. Los niños crueles con los petardos empezaban a invadir las calles y yo iba del metro a la universidad y de la universidad a la biblioteca y de la bilbioteca a los bares de siempre a beber lo de siempre y a ver a la gente pasar (Ruzafa estaba bonita, bonita de la leche). Volvieron a montar la Feria del libro antiguo y me invadió una sensación de cálida de sentirme en casa (ahí sí en casa). Los rituales vuelven y creo que ése es uno de los momentos más bonitos del año.

La Gran Vía se pone bonita, bonita de verdad. Se llena de alucinados que rebuscan entre la sección de esoterismo (porque todas las casetas tienen una sección de esoterismo) y de otros que rastrean algo de filosofía (locos también). Aún recuerdo a aquella tipa con el DSMV en la mano, mientras yo cargaba con todo lo que veía de Lorca. Hace tiempo de eso. El polvo en las manos limpias, ese olor mezclado con la tierra del suelo y el humo de los coches de Gran Vía. Encontré algo de Paul Auster (esas cosas que debes leer y en el fondo no sabes por qué narices) y para Kierkegaard ya no me llegó. Nos llevamos a medias unos monstruosos tomos de Eurípides para el día de la conjunción de bibliotecas (ése día) (espero que la traducción sea buena, pero ni puta idea de griego antiguo más allá del logos y pese a Griego I) (es Gredos, habrá que fiarse).

Era bonito trapear de nuevo entre libros en español. Llevaba cinco meses coleccionando libros escritos en bárbaro gracias a la biblioteca de allá del Norte, que una vez cada dos meses decide que hay libros que nadie lee y los pone a euro el quilo (palabra). Así que me he coleccionado medio Hesse, medio Zweig, medio Böll, Goethe, Max Frisch, absurdos diccionarios que algún día traduciendo usaré y otros libros anónimos (por el título o la portada). Aquel también era un ritual bello. Sábados por la mañana (pronto, para que no me quitaran lo bueno), con la bicicleta-cesta-incluida y luego, sentada en el suelo de la biblioteca (amoquetado) paseando los ojos entre montañas de libros dejados caer. Señoras que cargaban con novela rosa y libros de viajes de lugares que nunca visitarán. Los estudiantes todavía están resacosos a esas horas, nadie por las calles (los sábados por la mañana es el momento perfecto para cometer un crimen, todos están durmiendo profundamente los excesos del día anterior).


Pero eso son historias del Norte, que poco importan. Y ahora aquí, ahora que estoy tan cerca... (quizá demasiado cerca) y los días son de sol pero de verde pero de despedidas y de buses y de pronto y de poco y de entender y de no entender nada y no saber qué hacer con la tristeza, tan anclada en las manos y venida por sorpresa, como un invitado a las once cuando la cena ya está fría y te toca sacar los restos del congelador y hacerle esperar bebiendo agua, del grifo. Ese miedo a la tristeza que un día vivía por aquí de alquilada y con desahucios forzados acabó marchándose aunque fuese al rellano, pero de vez en cuando vuelve a llamar al timbre, por visita de cortesía y tal, o te va a visitar a ti y todo empieza a detenerse, y todo entra en ese espiral de incomprensiones, prosas rotas, dolor de huesos, ojos colgados en la pared y mañana será otro día, y no pasa nada, y es una tontería, y silencio. Ese ritual siempre es así. 

martes, 7 de enero de 2014

I'll wear a mask for you [Variaciones Cohen]

[I'll wear a mask for you. I'll wear a mask for you. And so on]


If you want a lover
I'll do anything you ask me to


And if you want another kind of love
I'll wear a mask for you


If you want a partner
Take my hand
Or if you want to strike me down in anger


Here I stand 



I'm your man


If you want a boxer 
I will step into the ring for you


And if you want a doctor


I'll examine every inch of you
If you want a driver

Climb inside
Or if you want to take me for a ride

You know you can
I'm your man


Ah, the moon's too bright 
The chain's too tight

The beast won't go to sleep



I've been running through these promises to you 


That I made and I could not keep


Ah but a man never got a woman back
Not by begging on his knees


Or I'd crawl to you baby
And I'd fall at your feet

And I'd howl at your beauty


Like a dog in heat
And I'd claw at your heart
And I'd tear at your sheet


I'd say please, please
I'm your man


And if you've got to sleep
A moment on the road

I will steer for you

And if you want to work the street alone
I'll disappear for you


If you want a father for your child


Or only want to walk with me a while


Across the sand
I'm your man



If you want a lover 


I'll do anything you ask me to


And if you want another kind of love
I'll wear a mask for you


I'll wear a mask for you

And now, take this waltz


[L'Apollonide, La piel dulce, La eternidad y un día, Irreversible, Closer, Domicilio conyugal, Vértigo, La mamá y la puta, Melancolía, Anticristo, Vivir su vida, Saraband, Masculino Femenino, Control, Eraserhead, Besos robados, Eyes Wide Shut]

domingo, 29 de diciembre de 2013

Última carta del año

A quien corresponda:

Hoy escribo todavía lejos de casa, pero en casa en cierta manera. Todos están aquí al fin y al cabo. Me quedé en Alemania estas Navidades por alguna extraña decisión interna, disfrazada de excusas, y fechas, y vuelos, y cosas sin importancia. No quería salir de este lugar. No quería volver a ver el árbol de neones de la plaza del Ayuntamiento, ni ese horrible Belén que ponen por allí. No quería tener que ver los programas especiales de Nochebuena, Navidad, la gala de los Inocentes ni el mensaje del Rey. Ni las luces de El Corte Inglés o el reciclaje del famoso del año en el anuncio de rebajas. Todo eso, ahora que estoy tan lejos, me parecía la misma capa de caspa de España, esa que tan poco añoro, esa que me da miedo, porque estará esperándome cuando vuelva. Y los anuncios de juguetes y los catálogos (saben, cuando tenía 8 años me di cuenta de que todo lo de los Reyes era mentira por culpa de los malditos anuncios y los catálogos, la excusa de mis padres de que muchos niños tenían cumpleaños en esa época ya no coló). Y todo eso que ustedes ya saben y que mejor o peor llevan. De vez en cuando me llegan ecos desde allí, leo el periódico casi cada día por no perder el contacto con la realidad, buscando esas líneas amargas y saber, en cierto modo, que esto es sólo un paréntesis, un poco de aire. Me llegan tristes noticias, pocas alegres de aquel país, España me dueles. Los que aprueban la ley del aborto, los mismos que no dan las ayudas a la dependencia y condenan a los vivos. Que España irá mejor el año que viene, que si recuperación económica y otros monólogos del peor Late Night. Malabares con las becas (yo hasta febrero, no veré ni un duro, después de 4 meses fuera, y veremos qué llega). Subida de la luz, aumento del consumo de velas, pistas de hielo en el centro de Valencia y todo el dolor del mundo en el rostro.

Aquí, sin televisión, me he ahorrado buenas dosis de hipocresía navideña y buenos deseos. Germersheim se quedó absolutamente vacío, parecía una ciudad fantasma (más de lo habitual). Las calles, oscuras de por sí (aquí no conciben la idea-Rita de farola cada metro y medio y a toda potencia), eran el lugar perfecto para disfrutar de ese silencio que tanto echaré de menos cuando me marche de aquí. Aquí, las luces de Navidad de las calles no te hacen creer que estás en un club de mala muerte, son pequeñas, amarillas y blancas, discretas, acogedoras y no estridentes (aún recuerdo el árbol de Navidad diseñado por Agatha Ruiz de la Prada en la Puerta del Sol...). Aquí los árboles son de verdad, hasta el que tomaron prestado las compañeras de piso para subirlo al balcón de casa. Aquí el calendario de adviento no es un cartón con chocolatinas, son saquitos de tela que alguien llena para ti cada día. Y no ha nevado, eso es cierto, y me siento profundamente engañada con la Navidad alemana por ese hecho en concreto, pero lo voy a pasar por alto por todo lo demás. En cierto modo, aquí el relato todavía te envuelve un poco, el frío y el vino caliente, los hijos pequeños de los vecinos sacando sus botas.

Pero tampoco vayamos a decir que las postales son aquí mejores. Aquí la Navidad no hace distinción a los que tienen minijobs, ese GRAN invento alemán que parece la panacea de nuestra época. Aquí trabajo con un contrato con el que es legal no pagar impuestos, ya que no superas el nivel de renta mínimo, aquí con ese contrato no tienes derecho a vacaciones, ni a baja, ni a paro, ni a cotizar para tu jubilación, ni a que te paguen los festivos, ni a la paga extra (me regalaron chocolatinas en el hotel). No te contratan por horario, sino por horas, aunque tú tienes que estar disponible durante ese horario aunque luego no trabajes. Facturas cada cuarto de hora y no tienes horarios fijos. Para los estudiantes es la mejor opción por la flexibilidad, pero cada día, en el trabajo, veo a señoras de más de 55 años, mirando el reloj a ver si ya ha pasado la manecilla de y cuarto para ir a firmar la hoja de horas y que no les descuenten un cuarto de hora más. En el sector servicios, más de la mitad de personal es contratado así (en el hotel, con más de treinta trabajadores, hasta las recepcionistas están de minijob y contratadas con cotización, quizá tres personas). Ven, aquí no hay paro. Y si está usted en paro, el servicio de empleo le da un trabajo en el sector público al módico precio de uno o dos euros la hora, y claro, si lo rechaza, le quitan la prestación. Aquí no hay paro señores, pueden venir todos a buscarse la vida a este lugar, no sé qué hacen todavía en sus casas. Aquí todos producimos, ¿saben?

El problema no está aquí o allá, aquí saben meter los platos rotos debajo de la alfombra, legalizar el suicidio de la clase media. Aquí todavía no han dejado que explote, los socialistas pactan con los conservadores, y después de cuatro meses de análisis de discurso para Interpretación, yo ya oigo el mismo texto con diferentes comas. Aquí han sabido poner tapones en los pozos negros, pintarlos de blanco y echarles perfume. Aquí no hay paro señores, pero búscate tres minijiobs para poder vivir y el plan de pensiones ya te lo sacas de la chistera. Aquí, o compites, o te caes, ¿saben?, cuando un niño tiene diez años ya deciden si va a ir a la universidad o va a ser un currante de pico y pala, los separan de escuelas y sin mayor drama, y aunque luego hay posibilidades de cambio, todo se reduce a excepciones afortunadas.

Esta carta no sé con qué propósito está escrita, ni a quién o qué apunta. Es una carta algo harta del mundo, incómoda en su sobre. Aquí en Walden/Germersheim no me entero de casi nada de todo eso, a no ser que quiera autoflagelarme un poco y encienda la radio o lea el periódico. Aquí, me paso los meses en la estación de tren mirando el cuadro de llegadas, despidiendo con gesto triste al que se marcha, corriendo por una universidad increíble, también ajena al mundo, donde se traduce incluso a mano y se prohíben ordenadores, escuchando las jam session que se montan en casa con un piano, un chelo, dos guitarras, un bajo, el saxo y la voz de Tabea, que es de otro mundo.

Pronto empieza un nuevo año y  mañana vuelvo donde empezó de verdad para mí este 2013. Mañana volvemos a Berlín con la colección de cámaras, que va creciendo, bajo el brazo.

Feliz año a todos, volveré en febrero, sin hacer mucho ruido.

Núria


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Desvíos (Traducción literaria): Hesse&Goethe

[Estas traducciones no tienen ningún fin comercial etc. etc. o lo que se tenga que decir para que la SGAE no me empapele]

Fragmento de Narciso y Goldmundo, H. Hesse:

Goldmundo: Superior…¡yo a ti!», balbuceó Goldmundo, sólo por decir algo, ya que una extraña rigidez había invadido su ser.

Narciso: «Cierto es eso», añadió Narciso. «Las naturalezas de los de tu clase, los que tenéis un sentido tierno y fuerte, los inspirados, los soñadores, los poetas, los amantes, todos vosotros sois casi siempre superiores  a los hombres de espíritu. Vuestro origen es la madre. Vosotros vivís plenamente, a vosotros se os es dada la fuerza del amor y la posibilidad de vivir sintiendo. Nosotros, hombres de espíritu, aunque a menudo, parecemos los adecuados para dirigir y gobernar, nosotros no vivimos plenamente, vivimos en la aridez de la vida. A vosotros os pertenece la plenitud de la vida, el jugo de los frutos, el jardín del amor, el bello paraje del arte. Vuestra casa es la tierra, la nuestra la idea; vuestro peligro es morir ahogados en un mundo de los sentidos, el nuestro, morir ahogados en un espacio sin aire. Tú eres artista, yo soy pensador. Tú duermes en el regazo de tu madre, yo estoy en vela en el desierto. Para mí, brilla el sol; para ti brilla la luna y las estrellas, tú sueñas con muchachas, yo, con muchachos…».

Original:

»Überlegen - - ich dir! « stammelte Goldmund, nur um etwas zu sagen, er war wie von einer Starre befallen.
»Gewiss«, sprach Narziss weiter. »Die Naturen von deiner Art, die mit den starken und zarten Sinnen, die Beseelten, die Träumer, Dichter, Liebenden, sind uns andern, uns Geistmenschen, beinahe immer überlegen. Eure Herkunft ist eine mütterliche. Ihr lebt im Vollen, euch ist die Kraft der Liebe und des Erlebenskönnens gegeben. Wir Geistigen, obwohl wir euch andre häufig zu leiten und zu regieren scheinen, leben nicht im Vollen, wir leben in der Dürre. Euch gehört die Fülle des Lebens, euch der Saft der Früchte, euch der Garten der Liebe, das schöne Land der Kunst. Eure Heimat ist die Erde, unsere die Idee. Eure Gefahr ist das Ertrinken in der Sinnenwelt, unsere das Ersticken im luftleeren Raum. Du bist Künstler, ich bin Denker. Du schläfst an der Brust der Mutter, ich wache in der Wüste. Mir scheint die Sonne, dir scheinen Mond und Sterne, deine Träume sind von Mädchen, meine von Knaben…« […]

Aus Narziss und Goldmund, Hermann Hesse, Suhrkamp, 2012 S. 60 – 66ff, 1332 Wörter

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Monólogo de Fausto, Goethe:

Fausto:
¡Ah!, he estudiado Filosofía, Jurisprudencia, Medicina, e incluso, a mi pesar, también Teología. Todo lo estudié en profundidad, con mi mayor afán y encono. Y aquí sigo, ¡yo, necio de mí!, que sé tanto como antes. Acumulo títulos de Maestro, de Doctor, y ya desde hace casi diez años confundo a mi capricho, y veo, ¡que nada podemos saber!  Mi corazón casi se consume. Cierto que soy más inteligente que todos esos necios petimetres, doctores, maestros, escritores y párrocos. No me atormentan ni escrúpulos ni dudas, no temo al infierno ni al diablo. Y aún así, toda alegría me ha sido arrebatada. No me hago ilusiones con lograr certezas, no me hago ilusiones con poder enseñar algo, ni con mejorar a los hombres o convertirlos. Tampoco tengo bienes, ni dinero, tampoco honra ni esplendor ante el mundo. Ni un perro querría seguir en este mundo un minuto más si viviera así. Por eso me he consagrado a la Magia, como si por la fuerza del espíritu y de la palabra las verdades me fueran a ser reveladas. Para que no sea menester que con este mi sudor amargo siga yo diciendo todo lo que ignoro; para  poder ver lo que el mundo alberga en sus profundidades; para contemplar su fuerza creadora y su simiente, y no volver a rebuscar entre las palabras.  

Original:
Faust:
Habe nun, ach! Philosophie,
Juristerei und Medizin,
Und leider auch Theologie
Durchaus studiert, mit heißem Bemühn.
Da steh ich nun, ich armer Tor!
Und bin so klug als wie zuvor;
Heiße Magister, heiße Doktor gar
Und ziehe schon an die zehen Jahr
Herauf, herab und quer und krumm
Meine Schüler an der Nase herum –
Und sehe, daß wir nichts wissen können!
Das will mir schier das Herz verbrennen.
Zwar bin ich gescheiter als all die Laffen,
Doktoren, Magister, Schreiber und Pfaffen;
Mich plagen keine Skrupel noch Zweifel,
Fürchte mich weder vor Hölle noch Teufel –
Dafür ist mir auch alle Freud entrissen,
Bilde mir nicht ein, was Rechts zu wissen,
Bilde mir nicht ein, ich könnte was lehren,
Die Menschen zu bessern und zu bekehren.
Auch hab ich weder Gut noch Geld,
Noch Ehr und Herrlichkeit der Welt;
Es möchte kein Hund so länger leben!
Drum hab ich mich der Magie ergeben,
Ob mir durch Geistes Kraft und Mund
Nicht manch Geheimnis würde kund;
Daß ich nicht mehr mit saurem Schweiß
Zu sagen brauche, was ich nicht weiß;
Daß ich erkenne, was die Welt
Im Innersten zusammenhält,
Schau alle Wirkenskraft und Samen,
Und tu nicht mehr in Worten kramen.



Goethe, J.W. Faust Eine Tragödie: Erster und zweiter Teil 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Theo Angelopoulos. El paso suspendido: punto de encuentro (Shangrila Ed.)


Señoras, señores y cómplices del otro lado de la pantalla. Hoy, en lugar de una entrada, os dejo esta pequeña maravilla que ha salido de los hornos de Shangrila sobre el bueno de Theo Angelopoulos. Es todo un honor para mí haber podido formar parte de este volumen en compañía de personas a las que admiro y respeto muchísimo. Podéis leer mi capitulito bajo el título Destrucción y reconstrucción narrativa en el cine de Theo Angelopoulos y dos traducciones de los textos de Irini Stathi y Ángel Quintana.

Aquí el enlace, feliz lectura: http://shangrilaediciones.com/pages/bakery/shangrila-revista-18-19-95.php


No podíamos volver a casa, Theo.




domingo, 24 de noviembre de 2013

Canciones imperdonables (II): New York, New York a la voz de Carey Mulligan



De repente, como de casualidad, volví a toparme con el New York New York de la Mulligan. Había estado andando por cornisas de aire cuando esa voz volvió a inundarlo todo, esos ojos que se mueven como hojas de afeitar de un lado a otro de la pantalla, meciendo el mundo y arrancándole a la pantalla todo resquicio de serenidad y entereza. Mulligan traspasaba la pantalla, no sé si su voz o sus ojos, no sé si su boca casi mueca que se acomodaba a la letra de una canción en la que no creía.

Por unos momentos, sólo pude concentrarme en aquel pedazo de oscuridad que volvía a salpicarme la cara. Subí el volumen por instinto, conecté los altavoces para poder escuchar bien el fragmento a capella. Pensé que la habitación se llenaba de humo, que alguien lloraba en un rincón entre colillas y las jeringuillas que se amontonaban en los recuerdos de aquella mujer, que se vestía con enormes abrigos de pieles que la hacían parecer un pájaro disfrazado, un poco de piel refugiada en la piel de otros. En sus ojos, que cantaban otra canción, había esa lucidez absurda de la nada, ese sentir profundo de que todo se derrumba a nuestro alrededor y que una estúpida canción de Music Hall pretende acallar, cantar sobre la orquesta de la catástrofe, la orquesta de una ciudad inmisericorde que arrasa con la piel y con la carne, con las manos y los dientes que se caen, los pelos canos, los tacones desgastados y todo el humo del mundo en el rostro.



Empecé a pensar en aquella novela que había comenzado a escribir allá por los primeros meses del 2012. Pensé en cómo directamente todo lo que estaba en mi cabeza y necesitaba estar en papel se fue a Nueva York, a esas calles que ensucian la estampa impecable de la ciudad que nunca duerme, las pequeñas historias de trastienda y contrabando sentimental, las conversaciones que se cuelan por las grietas de un asfalto mil veces aplastado con el peso de la ciudad. Volvió esa imagen de mí misma allí plantada, con unos diez u once años, creyendo que estaba en otro mundo, que esos rascacielos me iban a devorar y que la marabunta iba a arrastrarme en cualquier momento.

Y Carey Mulligan volvía a hacer ese sonido indescriptible al cantar la palabra York, como si se le partiera la garganta cada vez que tenía que pronunciar el nombre de aquel lugar, el nombre de aquella pesadilla llena de delirio y conciertos para trajeados a cien metros de altura. A la Mulligan se le partía la boca y el rostro al cantar, y no era más que un pájaro asustado tras el micrófono, un hilo de voz amarga y aguda, un grito de socorro tras el telón. A mí se me partió el corazón. Y a él Brandon también. Luego se tenía que chutar las variaciones Goldberg. Yo luego miraba el techo. De verdad que se nos partió el corazón a todos.



PS. Y por si quieren saberlo, a la Mulligan, me la volví a encontrar, un siete de junio, en los Cines Babel, prometiendo amor eterno a un tal Gatsby y diciendo aquello de, qué camisas tan bonitas. Aquel día nos volvió a partir el corazón, amor, a ti quizá por primera vez -debí haberte avisado-, aunque por aquel entonces tú todavía no sabías nada, ni tan siquiera que volveríamos a llorar en el cine o que llegarías a amarme.



martes, 19 de noviembre de 2013

Tableros (II)


#0: Ida

Llegó a aquella ciudad  en uno de esos días de calor impensable tan al norte del continente. Yo no había vuelto a jugar desde aquellas tardes del primer verano en los aleros de Ruzafa, apurando los bares hasta horas de cierre y las copas hasta ver madera en el fondo del vaso. Yo odiaba echar el rey por el tablero, signo de derrota, y peleaba aun teniendo desventaja material. Quizá la partida era lo de menos y lo que importaba era quedarnos allí unos minutos más. Llegó sin esperarme en el aeropuerto y al poco ya estábamos corriendo bajo los laberintos de metal de Berlín que nos llevaban hasta Prenzlauer Berg.


#1: Permanencia


Era de mi padre. Aprendí con esto. Tienes que leértelo. Está en notación antigua, pero te enseñaré.
Tenemos tiempo. 
Sí, tenemos tiempo.
Está todo comentado. Le corriges a tu padre.
No analizaba bien las partidas, fueron años extraños.
Mira, India de Rey. India... 

#2: Permanencia

Aparecí sin que lo esperara. Estaba sentado en una butaca más vieja que sus manos en Shakespeare and Co. Había ido allí a olvidarse un momento de la ciudad, de una lengua que no conocía y de gente que se apresuraba. Leía, bebía té. Le arrojé un tablero a la cara. Herí las casillas blancas. Me habló de Capablanca y de Fischer, de los niños que miran asustados a sus padres a cada movimiento esperando recibir una aceptación de la jugada. De todos los que se vuelven locos cuando entran en ese agujero. De lo psicótico que hay en ver la vida como un tablero, o sólo ver un tablero durante la vida, o eso lo dije yo o nadie o no lo recuerdo. Aquel día me equivoqué poco jugando, me miraba en diagonal, con esa mirada que frisa la incredulidad y el amor, esa mirada que es como una cornisa donde hay viento todo el año. Nos cerraron el lugar y acabamos en un banco del parque, niños y borrachos conviviendo. Tú apuntabas haciendo equilibros en aquella Molskine que habíamos comprado un par de días antes para apuntar las partidas. Por un momento, al verte escribir, imaginé una estantería llena de Moleskines con partidas archivadas y comentadas, como álbumes de fotos o cadáveres que uno guarda en el armario; pero cadáveres de tiempo, de jugar sin relojes, de tableros congelados en el tiempo y traídos a la memoria una tarde de sábado o un domingo por la mañana... ¿te acuerdas de cuando 1. d4 Cf6 2. Cf3 g6 3. c4, Ag7...? Esa la aprendí más tarde.


#3: Permanencia

Muggelsee

¿Vais jugar aquí, en el lago?
Y, ¿por qué no?
Aquel tablero plegable de madera que teníamos desde junio nos acompañaba a todas partes. Y allí, jugar allí bajo un sol inusual para Berlín, jugar cerca del agua. Y que todos acabaran jugando también, o al menos moviendo las piezas. Mi rey no tiene miedo, y aquel loco tan adorable que estaba empeñado en no repetir tipo de cerveza en Alemania para probarlas (casi) todas sacaba el rey al centro del tablero, mientras le mirábamos con cariño y amistad. Era un buen amigo, ¿sabes?


#4: Retorno

Y apuramos agosto y apuramos septiembre, como colillas de relojes, agarrando las manecillas para que no avanzaran, apurando los últimos cines y las últimas carcajadas y llantos en última fila, los dolores de espalda de fumar películas tumbados en la hierba, observados por los gatos del río y los borrachos exiliados de sí mismos. Apuramos los tableros como chustas psicóticas que se colaban por cada agujero de aquellos días. Perdí un par de piezas dentro de la lógica de mi torpeza y el tablero plegable se guardó como símbolo del fin de una época, acababa el verano y yo empecé a hacer las maletas.

#5: Norte

En aquellas tardes en las que el frío ya se empezaba a notar por estos lares, yo seguía obsesionada pensando en aquel tablero de la Bauhaus de Berlín. Quise haber podido comprártelo. Quise. Llegaron cartas, empezó a oscurecer pronto. Compré madera y herramientas, compré pintura. Te hice un tablero y unas piezas que todavía recordaban a las de la Bauhaus. Olía a pintura por todas partes, el serrín se metía en mis sábanas. Iba con la bici de aquí para allá, con listones y sierras. Los vecinos me maldecían en secreto.Te hice un tablero lo suficientemente grande para que no te lo pudieras llevar y tuviera que quedarse aquí, como un señuelo para tu vuelta intermitente y goteante cada veintitantos días. Cuando lo tuviste entre tus manos, eso fue otra gran historia.Yo sigo leyendo a Fischer, ahora Anand y Carlsen juegan el campeonato del mundo y las partidas parecen cuadros ahora que empiezo a entender, sus movimientos- estoques no tan inescrutables y todo vuelve a ser un juego; encuentro folios con partidas anotadas que hay que pasar a la Moleskine y los guardo juntos para enviártelos. Yo sigo leyendo a Fischer aunque sea más duro que Nietzsche y tú, tú aprendes alemán y te armas de paciencia con mi incapacidad para memorizar las coordenadas del tablero. Pero: 

Wir haben doch Zeit || Tenemos tiempo, por supuesto.